Capítulo 20 La
Historia de Mike: Una Cura Homeopática del Autismo
Por Amy Lansky, Ph.D.
Amy Lansky, su esposo, Steve, y sus hijos, Izaak y Max (nacido en Julio
de 1991), viven al sur de San Francisco, California. El libro de Amy, Cura Imposible: La Promesa de la Homeopatía
(Impossible Cure: The Promise of Homeophaty), detalla la recuperación de Mike del autismo.
Extraído con permiso del autor de
Impossible
Cure: The Promise of Homeopathy
R.L. Ranch Press, 2003
Para mas información, visite el portal: www.impossiblecure.com
La Homeopatía es un sistema medicinal desarrollado por el médico Alemán
Samuel Hahnemann, M.D. a principios del siglo XVIII. Debido a su éxito,
rápidamente se extendió para convertirse en una de las cuatro formas más
conocidas de tratamiento médico en el mundo. El sistema homeopático está basado
en una simple ley terapéutica la cual determina cual es el remedio que curará a
un individuo: la Ley de Similitudes. Esta ley establece que si una sustancia
particular puede causar un conjunto de síntomas mentales, emocionales y físicos
en una persona sana, puede entonces también curar a una persona enferma la cual
experimenta tales síntomas similares; en otras palabras, “similar cura
similar”. Esto es precisamente lo que la palabra homeopatía significa – similar
(homeo) sufrimiento (patía).
* * * * *
Uno de mis primeros maestros de homeopatía me dijo que el
punto de vista de las personas acerca de los poderes curativos de la homeopatía
tendían a ser marcado por su primer experiencia con esta. Para algunos, es una
cura para las verrugas intransigentes que repentinamente se secan y caen. Para
otros, un caso de herpes, alergias, migraña, o fatiga crónica que se rinde y
desaparece, cuando años de otros tratamientos no habían tenido efecto. Y
también hay casos que realmente desafían una explicación: expulsión de un
tumor; un hombre despierta de coma minutos después de tomar un remedio; la
descarga de mercurio en la sangre menstrual de una dentista, después de años de
acumulación en su cuerpo. Todos estos casos han ocurrido con la correcta
prescripción homeopática.
El poder de los remedios homeopáticos ha tenido
repetidamente su impacto en algún miembro de mi familia y en las de muchos de
mis amigos. He visto “tics” nerviosos desaparecer de la noche a la mañana, un
ataque de diarrea que había persistido por días desaparecer en minutos, una
roncha de un piquete de avispa repentinamente desaparecer; y mi propia alergia
de verano, después de años de creciente aumento en su severidad. Pero todos
estos casos palidecen en comparación con mi primer y más grandioso milagro
homeopático. Mi hijo más pequeño, Max, fue curado de una condición “incurable”
– autismo. Hoy, años después, en ocasiones encuentro bastante trabajo en
creerlo a mí mismo. Fuimos afortunados, usted verá. Nuestro homeópata encontró
el simillimum de Max – el remedio
perfecto equiparable al estado de Max – en su primer intento. En menos de una
semana, su terapeuta, mi esposo, y yo atestiguamos pequeños pero aún
perceptible cambios en él.
Las Señales de Aviso
Todo empezó en el verano de 1994, cuando Max tenía dos
años y medio de edad. Algo no estaba bien. El no estaba hablando. A pesar de
que tenia cerca de 10, quizás 20, palabras en su vocabulario, la mayoría del
tiempo no parecía entender nada del lenguaje. Y se estaba poniendo peor. Al
mismo tiempo, Max parecía estar a la deriva.
En su lado brillante, Max sabía todas las letras del
alfabeto y los números del 1 al 10. El podía apilar bloques con sorprendente
destreza y podía construir estructuras simétricas altas y perfectas. Inclusive,
él sabía manipular una computadora – apuntando y presionar, arrastrar el
apuntador, y ejecutar juegos. Max también mostraba algunas sorprendentes
habilidades avanzadas analíticas. Por ejemplo, él podía jugar mejor que
nosotros “Concentration” – un juego estilizado, consistente en aparear pares de
figuras en cartones volteados en una cuadrícula de cuatro por cinco. Y
definitivamente él podía oír. El disfrutaba la televisión y bailar rítmicamente
con la música. De hecho, la mayoría del tiempo, Max era un alegre, sin embargo
distante, infante en la casa. El usualmente tenía una sonrisa en su cara y
gustaba jugar con su hermano mayor Izaak – un precoz y maduro niño de cinco
años y medio.
Pero cuando nos sentábamos juntos a hablar y reír en la
tarde y en los fines de semana, Max prefería estar solo por su cuenta. El se
apartaba y veía la TV, jugaba en la computadora, apilaba libros, y se retraía
hacia el mismo. A pesar de todo, el no nos rehusaba, el nunca rogó o pidió
afecto. Por un largo tiempo pensé, “Oh, el solamente está retrasado en hablar.
El es más retraído, una persona mas reservada que Izaak”. Pero era más que
solamente eso.
En la escuela, los problemas empezaron a emerger. Empecé
a sentir que los maestros en su jardín de niños empezaron a preocuparse. Ellos
saludaban a Max cada mañana con algo de vacilación. A pesar de que él había
empezado el año escolar de manera exuberante a la edad de dos años, el nunca se
sentaba. Por el contrario, él confiaba solamente en su apreciada “baba” – una
botella de leche o biberón – para su confort. Y a pesar de que él disfrutaba
muchos de los juguetes de su salón de clases, Max nunca se relacionaba con los
demás niños. El nunca era capaz de estarse quieto mientras les leían un cuento
a menos que estuviera sentado en las piernas de su maestra. El era ansioso,
como si tuviera un motor funcionando dentro de él. No era como la clásica
hiperactividad – el no corría. El solamente no ponía atención. Era como si la
historia que leía el maestro fuera en un lenguaje extranjero. Dejado actuar por
su cuenta, Max solamente estaba divagando y jugaba silenciosamente con los
juguetes que le interesaban en el salón de clases. El no interrumpía las
clases; el no estaba realmente “ahí”. Cuando los niños estaban fuera jugando,
él deambulaba en algún salón anexo. Los maestros lo encontraban absorto viendo
algún animal enjaulado o un juguete.
Sabía que una de las maestras sospechaba que él era
autista. Ella me dijo que Max manifestaba actividades de auto estimulo – por
ejemplo, darse vuelta en círculos – y que el no tenía buen contacto visual
cuando se le hablaba. Pero no quise creerlo. El tenía algo de contacto visual
cuando se le hablaba. El realmente no daba vueltas en círculos en casa tampoco;
él estaba generalmente feliz y contento.
Pero de manera creciente, aparecieron notables
excentricidades. Una mañana mientras manejaba hacia la escuela, le pregunté,
¿Sabes hacia dónde vamos? No hubo respuesta. Max observaba hacia el espacio. En
la noche, cuando intentaba leerle una historia, el no se quedaba quieto
sentado. El estaba inquieto y se retorcía por toda la cama. El se paraba sobre
su cabeza, con sus pies contra la pared, o tocaba cosas con sus dedos de arriba
hacia abajo – como la mesa, la pared. También observé que él tenía el hábito de
empujar sus dedos en el pecho de las personas o topar su cabeza en contra de
ellos – no para lastimarlos, pero como algún tipo de contacto. Un año después,
aprendí que estas conductas son todas típicas de un niño autista.
¿Qué hacer? Empecé a aferrarme desesperadamente a una
esperanza. ¿Quizás era desorden de déficit de atención? Leí todos los libros.
¿Quizás eran los maestros? ¿Ellos realmente no lo entendían? Pero en el fondo,
Max tenía serios problemas. Y parecían ponerse peor. El estaba creciendo siendo
aún mas distante, mas desconectado. Para el final del año escolar, justo antes
de que Max cumpliera tres años, nos llamaron del jardín de niños para tener una
plática y nos aconsejaron que buscáramos ayuda médica. Un maestro nos confesó,
“Max nunca será capaz de asistir a una escuela privada como a la que asiste
Izaak. El necesitará siempre educación especial”.
Así que nuestra familia se embarcó en una búsqueda. Sabía
que nunca se iba a poner fácil mientras Max tuviera un problema así; sabía que
todas nuestras vidas serían severamente afectadas. Sentí instintivamente que el
futuro entero de Max estaba de por medio y que tenía que hacer todo a mi
alcance, para no dejar ninguna piedra sin ser movida, hasta encontrar la clave
de su recuperación.
Mi determinación también fue incrementada por otro
factor. Esta era una de mis peores pesadillas hechas realidad. Por años mi
madre y yo habíamos estado profundamente afectadas por la lucha de mi hermano
contra una severa enfermedad mental. Este pasado me propulsó aún con mas fuerza
para encontrar una solución para el problema de Max. Lo sentí como el llamado
para tomar las armas, y en retrospectiva, me sirvió a mí y a mi familia
también. Sabía que no había negación o evasión del problema – no había campo a
la resignación. Sabía que problemas como este no desaparecían solos; estos no
pueden ser ignorados. Exploraría cada matiz de nuestra dinámica familia, cada
alimento que comimos, y examinar cada aspecto de la vida de Max con un cepillo
de cerdas finas, buscando por pistas. Esta resolución por mi hijo no solamente
me pareció correcta. Era una madre con una misión.
La Búsqueda – Dentro y Fuera
En el verano de 1994, cuando Max había cumplido tres
años, empezamos a entrar en acción. Bajo el consejo de un amigo terapeuta de
lenguaje, mi esposo y yo decidimos no llevarlo a la clínica local del
desarrollo infantil afiliada a la Universidad de Stanford, la cual se nos había
recomendado. Nuestro amigo nos dijo que ellos solamente etiquetarían a Max y
crearían en nosotros un sentimiento de falta de esperanza. A cambio, lo
llevamos a una terapeuta del habla y lenguaje altamente reconocida la cual
dirige una clínica en Palo Alto, Donna Dagenais. Donna era (y lo sigue siendo),
la mejor terapeuta de lenguaje en nuestra área, con vasta experiencia en
trabajar con niños con desórdenes de comunicación y lenguaje. Ella no etiquetó
a Max – ella específicamente lo evaluó y lo puso a trabajar. Además de sus
sesiones de terapia privadas, ella también lo colocó en sesiones de grupo con
otros dos niños, incluyendo uno que hacía poco que había sido diagnosticado con
PDD (autismo moderado). De los tres, Max era el mejor portado pero el menos
verbal, y ciertamente el más “ido”.
Lo siguiente fue su alimentación. En mis lecturas acerca
de ADD, había leído las recomendaciones acerca de la dieta de Feingold para
mejorar los problemas de conducta de los niños [Feingold]. Uno de los más
sospechosos alimentos era la leche de vaca. ¡Eso sí que hizo sonar la campana!
Max era adicto a ella. El había creado un nexo “amoroso” con su biberón. Cuando
él veía la TV, cuando estaba en el auto o el avión, a todas horas del día, él
solicitaba su “baba”. Hubo días en los que él tomaba cerca de ocho biberones –
¡medio galón de leche! Quizás su nexo era subconscientemente relacionado al
hecho que, como infante, Max había tenido cirugía por pyloric stenosis, una
condición que cierra la válvula que controla el flujo del contenido del
estómago hacia el intestino. El síntoma más común es el vómito violento
persistente. Debido a esta condición, Max vomitaba toda la leche materna que
tomó durante su primer mes de vida. Quizás, después del mes cuando no estaba
recibiendo suficiente leche, Max disfrutó su leche de biberón mas que la
materna.
En cualquier caso, la exigencia de Max por una gran
ingestión de leche fue ciertamente algo sospechoso. Le quitamos la leche de
vaca y recortamos su ingestión a una taza de leche de cabra por día. Este paso
por sí solo tuvo un dramático efecto. Antes parecía que Max estaba detrás de
una cortina, viviendo un mundo diferente. Ahora, el primer velo se había
levantado. El finalmente empezó a hablar y a construir oraciones de dos o tres
palabras. Y él era claramente una persona más lúcida, más consciente de su
mundo. Su comportamiento y lenguaje no eran de ninguna manera todavía normales,
pero fue un buen comienzo. Para el final del verano, también empezamos a
limitar su ingestión de colorantes artificiales, otra recomendación de la dieta
de Feingold.
De manera interesante, un estudio reciente ha ligado
algunos casos de autismo a este tipo de reacción cerebral a la proteína de la
leche. Este estudio será discutido posteriormente, así como la posibilidad de
que esta reacción sea desencadenada por las vacunas infantiles. Ciertamente, la
disminución de la cantidad de ingestión de leche de Max hizo un dramático
cambio en él. Pero no lo curó.
En el otoño de 1994, Max continuó su terapia del habla y
lenguaje con Donna y, después de algunas evaluaciones, calificó para recibir
ciertos beneficios de educación especial. El hizo progresos lentos. A pesar del
hecho de que podía hablar ahora, Max tenía un estilo de interacción autista.
Por ejemplo, él podía solamente responder las preguntas del tipo mas literal, y
solamente acerca de objetos situados enfrente de él. De tal forma, respondía la
pregunta “¿De qué color es el bloque?” Pero no podía responder una pregunta
abstracta como “¿Cuál es tu color favorito?” El también tenía otro síntoma
autista, ecolalia, o hablar en eco. En lugar de responder la pregunta, él
repetía en ocasiones solamente las últimas palabras que la persona hubiera
pronunciado. Por ejemplo, si usted le dijo “Di adiós”, él respondería, “Di
adiós”. En ocasiones esto era una muy buena estrategia para él: “¿Quieres salir
fuera o quedarte dentro?” “Quedarte dentro”. Pero muy pronto nos dimos cuenta
que el solamente estaba repitiendo nuestras palabras. Si le hacíamos la misma
pregunta de una forma distinta, su pregunta hubiera cambiado: “¿Quieres
quedarte dentro o salir fuera?” “Salir fuera”.
Durante el otoño de 1994, intensificamos nuestras
evaluaciones de la dinámica de nuestra familia y otros factores sociales en la
vida de Max. Bajo el consejo de Donna, lo llevamos a una guardería maternal orientada
al juego en una escuela Montessori. El programa Montessori está estructurado y
enfocado a la lectura, matemáticas, y habilidades de manipulación – cosas en
las cuales Max estaba interesado. También motiva a los niños a hacer por
completo su trabajo por sí solos. Esto era perfecto para Max, el cual no podía
interactuar bien con otros niños pero podía trabajar bien solo. La escuela no
lo veía como un niño discapacitado, sino simplemente como reservado.
En el siguiente paso, buscamos de manera mas profunda en
la dinámica de nuestra familia. En esta ocasión estuvimos utilizando a una
niñera de cuidados infantiles durante tres días por semana. Steve y yo
trabajábamos cuatro días a la semana de tal forma que uno de nosotros podía
quedarse en casa dos días a la semana. Nuestra niñera era una mujer joven un
tanto distante con sus propios problemas de salud. Afortunadamente, ella dejó
el área aproximadamente durante este tiempo, y fuimos capaces de encontrar una
nueva niñera la cual era extremadamente dulce y amorosa. Le pedimos que se
enfocara un poco más en Max, que en su hermano mayor el cual era más hablador y
“conectado”. De hecho, este era uno de los desafíos que confrontamos Steve y yo
también. Decidimos que teníamos que hacer el esfuerzo de concentrarnos y
enfocarnos en Max. Era fácil “olvidarlo” – el siempre estaba pasando el rato
por sí mismo. Así que decidimos tomar cartas en el asunto, cada quién pasando
tiempo intensivo con uno u otro de los niños.
Finalmente, o quizás lo más importante, nos examinamos a
nosotros mismos – nuestros sentimientos y actitudes hacia Max. Muy en el fondo,
me di cuenta que yo tenía sentimientos de rechazo hacia él debido a su estado
actual. Puede ser realmente difícil en aceptar genuinamente y amar a un niño
con problemas tan desafiantes. Aun así ellos son los que necesitan lo mejor de
nosotros. Ellos son también los que son más psicológicamente sensitivos a las
actitudes y sentimientos de los padres. Yo instintivamente sabía que tenía que
cultivar un estado de aceptación incondicional y amor hacia Max, y que esta
aceptación era crítica para su recuperación. Aunado con esta actitud, también
sabía que tenía que creer ciegamente, tener verdadera confianza, de que el se
recuperaría. Steve fue un gran apoyo en ayudarme en torno a esto. De alguna
manera, el siempre supo que las cosas iban a cambiar para bien.
Homeopatía
Era ahora Enero de 1995. Enredada en la cama, estaba
leyendo la última edición de Mothering,
una revista para padres. Incluía un artículo escrito por Judyth Reichenberg-Ullman
acerca de la homeopatía para tratar problemas de conducta de los niños
[Reichenberg-Ullman, 1995]. Ella aseguraba que era capaz de crear substanciales
mejorías en el 70% de los casos de ADD. En ese entonces no sabía nada acerca de
la homeopatía. Como la mayoría de las personas, creía que era un tipo de hierba
medicinal. Ocasionalmente había tomado remedios homeopáticos para el resfriado
que se podían adquirir sin receta médica, pero en realidad no sabía nada acerca
de la homeopatía.
A medida que leía el artículo de Reichenberg-Ullman,
estaba llena de una aumentada fascinación y entusiasmo. Nunca olvidaré el
momento cuando terminé de leerlo. Una campana sonó en mi cabeza. Sabía que algo
importante había sucedido. Poco sabía que nuestras vidas estaban a punto de
cambiar para siempre. “¡Lee esto!”, le dije a Steve. A la siguiente mañana
llamé a un acupunturista amiga mío y le pregunte dónde podía encontrar a un
homeópata. Ella me recomendó a John Melnychuk, un médico homeópata nuevo en el
área de Palo Alto. Rápidamente conseguimos una cita y fuimos con altas
expectativas y esperanzas.
John es ahora un amigo cercano a la familia. Muchos años
después, él me dijo que estuvo impactado el día en Steve, Max y yo entramos a
su consultorio en Enero de 1995. Max estaba seguramente en estado autista,
¿pero qué otros síntomas tenía que tratar, además de aquellos que eran simples
y comunes síntomas autistas?
Usted verá, a pesar de la naturaleza de las quejas del
paciente o qué síntomas de la enfermedad pueden ayudar a seleccionar un
remedio, los síntomas que son típicos signos de la enfermedad no son siempre
tan útiles. En cambio, los más provechosos síntomas son aquellos que son
particulares al individuo. Por ejemplo, casi todas las personas con asma tienen
dificultades para respirar aunado con algo de ansiedad por tal condición. Lo
que será más útil al homeópata en seleccionar un remedio, sin embargo, será lo
que es inusual en el paciente y su asma. Lo más peculiar o característico de la
persona, lo mas útil que será un síntoma en guiar al homeópata en seleccionar
un remedio preciso individualizado. Síntomas tan peculiares como “asma, durante
la luna llena” o “asma, empeora cuando escucha música” pueden ser encontrados
en la literatura homeopática. Tales síntomas son usualmente asociados con
solamente uno o dos remedios específicos que pueden ser verdaderamente
curativos para el paciente que los experimenta. En contraste, una receta normal
o de “rutina” para el asma, basado solamente en los síntomas comunes del asma,
muy probablemente solamente será un paliativo a los síntomas del asma, tan
igual como lo hacen los fármacos alópatas. Solamente un remedio que realmente
iguale a la persona como individuo realmente lo curará.
Dado el estado joven y abstraído de Max, era bastante
difícil encontrar los síntomas que eran particularmente únicos en él. Sin
embargo, algunas de las cosas que resaltaban incluían: su fuerte deseo por la
leche, aunado con el hecho de que agravaba su condición; su amor por el baile y
la música; la tendencia de su cabeza en estar sudorosa cuando dormía; su
posición preferida para dormir (sobre su espalda con sus manos sobre su
cabeza); su inquietud e intensidad; un historial médico de la familia con
cáncer y diabetes por el lado de Steve y con esquizofrenia en mi lado; una
personalidad obstinada, perfeccionista, pero dulce a pesar de todo. Por
ejemplo, durante su primer consulta, Max se puso muy enojado cuando no escribió
satisfactoriamente “Mama” en un trozo de papel en la manera que él quería.
Todas las características arriba mencionadas están
asociadas con el remedio que finalmente Max tomó – Carcinosin. Es un remedio
relativamente inusual, pero no es extraño utilizarlo en tales casos. Por
supuesto, otros remedios han sido utilizados con éxito en casos de autismo
también. La clave es encontrar el remedio que mejor concuerde con el perfil de
síntomas únicos en el niño.
Finalmente, lo que definió la recomendación de John para
el medicamento de Max fue un síntoma particular que él encontró en el
repertorio homeopático – un libro de referencia que provee un índice inverso a
la materia médica. Este síntoma fue asociado con un solo remedio, el cual
decía: “Talentoso, muy: Carcinosin.”
Aparentemente, ¡había mencionado diez veces durante la consulta inicial que Max
era muy talentoso! Quizás era una sobre orgullosa madre, en defensa de su hijo
con “necesidades especiales”. Pero estaba bastante consciente de sus talentos
innatos. Sus habilidades de observación y memoria de detalle visual eran (y
siguen siendo), bastante extraordinarias. El podía ver la televisión e imitar
matices en varias conductas y hábitos de
los personajes. El podía memorizar las rutinas y ejecutarlas para nosotros. Aun
hoy en día, Max tiene una extraordinaria memoria visual en los detalles. El
puede observar una caricatura y recordar, días después, cada parte de las
acciones que ocurrieron. A la edad de ocho años, él vio una extraordinaria
figura geométrica dentro de un cuadro en un restaurante, y recordó esta misma
figura como el logotipo de otro restaurante en el cual habíamos comido en una
sola ocasión anteriormente – un mes antes. En años recientes, él ha emergido
como un artista talentoso, con una aptitud especial en dibujos cómicos.
Como resulto ser, Max tenía otros síntomas similares que
eran también característicos del Carcinosin. Debido a que este remedio resultó
ser su simillimum, me emprendí en estudiarlo más a fondo y escribir boletines
acerca de su caso para la comunidad homeopática profesional [Lansky]. Introducido como un remedio a inicios del siglo
veinte, Carcinosin era relativamente desconocido hasta que D.M. Foubister,
M.D., un médico Británico, empezó a utilizarlo y escribió acerca de él en 1958 [Foubister]. Sus múltiples síntomas incluían algunos de los
cuales Max exhibía: scleratics azulosas (por ejemplo, lo blanco en los ojos
tienen color azulado); una tendencia a tener manchas café oscuras (grandes
pecas); una espalda y piernas con mucho vello; un deseo por la sal,
mantequilla, y alimentos picantes; perfeccionismo y orden; sobre sensibilidad a
reprimendas y críticas; y un amor a los animales. Aún el comportamiento de
encajar los dedos de Max, tan común en niños autistas, está descrito en el
artículo acerca de Carcinosin que apareció en la edición de Julio del Boletín
Homeopático Británico:
“He notado que
Carcinosin frecuentemente tiene raros tics; uno de mis pacientes constantemente
golpea los cráneos de sus hermanos con las yemas de sus dedos; otro solía
morder levemente las puntas de los dedos de otros niños, uno tras de otro…”
[Hoa]
Por supuesto, mi objetivo aquí no es listar todos los
síntomas de Max y Carcinosin. Es solamente para ilustrar los tipos de síntomas
que juegan un rol en la prescripción homeopática. No es un formulario “toma
esto para este”. Esto es lo que hace tan difícil practicarla bien.
Cambios Iniciales
Max empezó a tomar su remedio un Jueves por la mañana.
John había recomendado un régimen de dosificación líquido – un enfoque un tanto
leve y constante – en el cual una pequeña cantidad del remedio, diluida en
agua, se administra regularmente. En el caso de Max, le dábamos una cucharada
por las mañanas. Cada ocasión que le dábamos la dosis, también tratábamos
inyectarle nuestro amor y buenas intenciones.
Dos días después, Steve y yo empezamos a notar cambios.
Max estaba utilizando algunas frases que nunca había usado anteriormente y era
un tanto más sociable. Era sutil, pero había cambiado definitivamente. También
notamos que su lenguaje era un tanto más fluido. Usualmente, él hablaba en una
manera un tanto “pausada” -- como si
tuviera que pensar acerca de cada palabra que decía. A medida que pasó el
tiempo, encontramos notables y repentinas mejorías en el lenguaje y conciencia
social y se convirtieron en las evidencias de los efectos del medicamento en
Max.
El siguiente Martes, cinco días después de haber empezado
el remedio, Max tuvo una sesión con su terapeuta, Donna. No le dijimos acerca
del remedio, pero rápidamente notó que algo había cambiado. “¿Qué hicieron?”,
ella preguntó. Uno de los ejercicios de Max era tratar de seguir una lista de
instrucciones, tales como “Pon la pelota en la silla roja y tráeme el bloque
verde hacia mí”. Usualmente el era capaz de seguir solamente una instrucción,
raramente dos. Repentinamente el era capaz de seguir dos instrucciones
consistentemente.
Y la tendencia continuó. Cada día vimos un poco mas de
mejoría. A medida que el tiempo pasó y pasaron aumentos satisfactorios en la potencia del remedio, empezamos a observar
un patrón definido de respuesta. Una botella del remedio usualmente tomaba un
mes en consumirse. Cuando empezábamos una botella nueva, conteniendo una
potencia ligeramente mayor del remedio, Max mostraba signos mayores de
hiperactividad. Estas agravantes no eran extremas, pero notorias para mí y
Donna. Este período usualmente duraría de tres a cinco días. Era seguido de un
aumento en su habilidad verbal, cognitiva y social – un discreto pero notable
cambio para bien. En este punto, la hiperactividad habría disminuido. Max se
convertía mas contenido y relajado. Esto era seguido por un período de mejoría
gradual durante dos semanas. Al final del mes, a medida que nos acercábamos en
terminar la botella, empezábamos a observar leves retrocesos. Dona y yo solimos
llamarle a esto como “el comportamiento del final de botella” de Max. Esto
proclamaba la necesidad de movernos hacia el siguiente nivel de dosis.
Escepticismo
Después de
unos meses, los cambios en Max eran bastante evidentes. Sin embargo, siendo
científicos, Steve y yo estábamos naturalmente un tan escépticos acerca de la
situación. ¿Cuál es el remedio que estaba cambiando a Max? ¿Cuál es nuestra
propia expectativa y actitud al respecto Decidimos conducir una simple y, lo
admitimos, no muy rigurosa prueba. Durante dos semanas, haría observaciones
diarias acerca de Max y las escribiría. Steve le daría a Max su dosis matinal,
cambiando la dosis de un nivel a otro, sin que yo tuviera conocimiento. La
botella estaría escondida. Sinceramente, esperaba que Steve cambiara la dosis
tempranamente en el periodo de dos semanas. Cada día realicé mis observaciones
y las anoté, straining en observar el repentino cambio, el cual nunca observé.
Sin embargo, en el penúltimo día del experimento, sucedió – noté una repentina
mejoría en el habla de max. Y, de hecho, Steve había cambiado la dosis tres
días atrás.
En
consecuencia, nuestro escepticismo acerca del milagro que estaba sucediendo
ante nuestros ojos no era tan inusual. Durante los años pasados, he observado
varias curas homeopáticas impactantes. En tales casos donde el verdadero
simillimum había sido encontrado, el proceso curativo es usualmente tan natural
y gratificador que parece que la persona está “mejorando” por sí sola. Por
supuesto, esto es los que sucede; un remedio habilita al cuerpo a sanar por sí
solo. No “hace” algo al cuerpo en la forma que lo hacen los fármacos alópatas.
No obliga un cambio químico, de tal forma que el cuerpo no se siente forzado.
Por esta razón, una persona que está acostumbrada a la acción de medicinas
alopáticas frecuentemente pensará que un remedio no tuvo ningún efecto; ellos
sentirán que simplemente se “sintieron mejor”. O ellos pueden atribuir que la
cura fue otra cosa. Pero en realidad, una apropiada selección del remedio en la
dosis apropiada debe ser tan benigno y efectivo que la persona simplemente
siente que sencillamente mejoró.
Por supuesto, existen también
situaciones donde un remedio inapropiado o una dosis inapropiada se
recetan. En estos casos, una persona sentirá ya sea que nada ha pasado, o, si
esta es sensible al remedio, que algo no placentero existe en ellos. Por ejemplo, mi madre en una ocasión experimentó una
semana de fiebre leve recurrente que empezaba una hora después de haberse
tomado un remedio recetado a una dosis alta. En otra ocasión, me puse a llorar
debido a unas cebollas cocinadas que habían sido tiradas por equivocación.
Desconcertada por la forma en que estaba reaccionando, repentinamente pensé,
“¡Por supuesto! Tomé una alta dosis de Ignatia (un remedio para la aflicción)
ayer”. Ahí estaba, realizando una prueba personal en torno a Ignatia, afligida
acerca de unas cebollas desperdiciadas.
De manera interesante, las personas frecuentemente no
atribuyen tampoco estos efectos negativos a un remedio – estos no se sienten
como los efectos secundarios de los fármacos alópatas. Afortunadamente, tales
reacciones usualmente desaparecen pronto después de que un remedio se
discontinúa o se ajusta su potencia. Sin embargo, tal fenómeno demerita la
importancia de un tratamiento guiado por un homeópata entrenado.
Debido a que la cura de Max pareció tan natural y sucedió
de una manera bastante gradual, pareció a muchos de nuestros amigos y familia
que solamente salió de su estado autista al crecer y madurar. Pero todos
nosotros que lo veíamos diariamente – Steve, Isaac, nuestra niñera, nuestra
sirvienta, Donna, y yo – vimos la relación directa entre los cambios de dosis y
sus mejorías de conducta. Donna, la cual es extremadamente experimentada con
niños como Max, repetidamente aseguraba que lo que estaba sucediendo con Max no
era muy típico. Cuando él estuvo claramente mejor, después de un año de dosis
diarias (al punto que discontinuamos todos los remedios), me confió que Max
habia sido autista. Ella dijo que había visto a niños autistas mejorar anteriormente,
pero no salir del autismo como Max. De hecho, nuestro pediatra hizo la misma
confesión. Una vez que él estaba mejor, ella admitió que el había sido autista.
Ella estaba bastante sorprendida con el cambio sucedido en él. Muchos años
después, cuando llevé a los niños a una revisión de rutina, ella comentó que
estaba todavía impresionada con lo que había sucedido con Max.
Osteopatía, Reiki, y Oración
Seis meses después de haber empezado el Carcinosin, Max
continuó mejorando en su habilidad de hablar y entender lenguaje. Su conciencia
social también mejoró. Sin embargo, mucha de su inquietud y comportamiento
social distante permaneció. Cuando él tenía cuatro años de edad, cerca de seis
meses después de haber empezado el tratamiento homeopático, llevé a Max para
ser revisado por un Osteópata tradicional bajo la recomendación de John. A
pesar de que la mayoría de los Osteópatas en los Estados Unidos (con credencial
D.O.) fungen como alópatas, un Osteópata tradicional cura a través de técnicas
manipulatorias. Una de las metas del tratamiento es balancear y liberar el
flujo del fluido cerebro espinal, mediante suaves, a veces imperceptibles,
masajes del cráneo, espina dorsal, y el sacro.
Max tuvo tres sesiones de tratamiento osteopáticos en un
mes, seguido por un tratamiento ocasional después de algunos meses. Después de
su primer evaluación, el Osteópata sintió que Max tenía signos de compresión
craneal, la cual el podía corregir. Mientras que el remedio homeopático tenía
su efecto primario en su producción de lenguaje, comprensión, y conciencia
social, la osteopatía creó en Max el primer gran cambio en su deseo por afecto
físico. Pareció también en crear un efecto tranquilizador en el, apaciguando
ese sentido interno de intranquilidad.
La noche después de su primer tratamiento osteopático,
Max se sentó en mis piernas y dijo, “!Mamita, cántame ‘Rock A Bye Baby’!”. A
pesar de que el no me rechazaba, esta era la primera ocasión que el
directamente me solicitó por este tipo de atención física amorosa. Desde ese
momento, Max continuó haciéndolo. Pronto él empezó a escabullirse en la cama
conmigo en la mañana y acurrucándose al momento de dormirse por las noches. El
también empezó a correr hacia mi esposo o conmigo cuando partíamos de casa para
asegurarse que recibiera un beso adicional de despedida. ¡Que cambio del
“retraído” Max!.
Durante el proceso de curación, también rogué por Max
constantemente. Cuando los tiempos estaban particularmente difíciles, iba a su
cuarto mientras él estaba dormido y utilizaba un tipo de terapia de contacto
físico llamada Reiki [Stein]. Realmente creo que los efectos de la oración y
curación han probado sus benéficos efectos tanto en casos que varían desde una
operación de corazón abierto hasta en el SIDA [Targ]. Muchas enfermeras se
están entrenando en el uso de tales técnicas y están empezando a utilizarlas en
los hospitales. En mi propia experiencia, osteopatía, trabajo energético, y la
oración trabajan maravillosamente con el tratamiento homeopático. Ellos parecen
complementarse, potenciando sus benéficos efectos entre sí.
Reuniendo a la Tropa.
En el otoño de 1995, después de nueve meses del
tratamiento homeopático, Max empezó su segundo año en la escuela Montessori. En
este momento, su lenguaje definitivamente se había convertido en más complejo,
espontáneo, y fluido. Donna lo evaluó de nuevo y encontró que se estaba
emparejando con el nivel correspondiente a su edad. Ella decidió discontinuar
la terapia, pero mantenerlo “en los registros” el tiempo necesario para que
siguiera siendo elegible en recibir educación especial.
Ahora que Max estaba hablando, el también estaba
intentando relacionarse socialmente con otros niños. Pero él estaba retrasado.
Habiendo empezado tan retrasado, él era torpe en sus intentos iniciales de interacción
social. El era obstinado y lloraba demasiado fácil cuando no lo conseguía a su
manera. Para obtener atención y aceptación, el frecuentemente recurría en
exceso a zonzas “pláticas de baño”. Por supuesto, como padre, estaba
sorprendida que él estaba empezando a involucrarse con otros niños. Pero la
escuela no era muy colaboradora. Ellos habían marcado a Max como un niño
silencioso y no les gustaban los cambios que vieron en él. Ellos no le dieron
el apoyo en su rara transición de un niño socialmente retraído a una aceptación
social y comprensivo. Uno de sus maestros me dijo, “Max era antes un niño tan
agradable. ¿Puede usted cambiarlo a la manera que era antes?”.
A pesar de que difícil cambiar de escuela a mediados del
año escolar y tolerar la actitud de su maestro, había aprendido para ese
entonces que el no cambiar para satisfacer las necesidades de Max detendrían su
progreso. Era el tiempo oportuno para realizar algún cambio de escuela. Así
que, cuando Max tenía cuatro años y medio, encontramos una nueva escuela para
él – una escuela mas orientada a socialización que seguía el estilo Montessori,
pero no era tan estricta. Sus nuevos maestros no tenían pre-concepciones ni
prejuicios hacia él, y fácilmente ayudaron en la adaptación de Max. En unos cuantos
meses él conocía a todos en la escuela, estaba interesado en lo que estaba
sucediendo a su alrededor, tenía un par de amigos, y estaba teniendo reuniones
de juego.
Durante ese año escolar también hicimos unos cuantos
cambios adicionales en nuestro hogar. Cuando nuestra niñera decidió dejar su
posición para lograr su sueño de convertirse en estilista de belleza, Steve y
yo decidimos dejar de utilizar niñeras, optando a cambio por una guardería tres
veces a la semana después de la escuela. Este cambio tuvo muchos efectos
secundarios benéficos en nuestra familia. Por este motivo, finalmente empezamos
a comer la cena juntos cada noche como familia. Dado el caótico itinerario de
familias con ambos padres que trabajan, la tradición familiar de tomar los alimentos
juntos ha desaparecido en muchos de los hogares Americanos. El retomar hacer lo
anterior, creó un sentido de mayor coherencia y estabilidad en nuestras vidas.
También aseguró una mejor dieta para nuestros niños.
Ajustes del Remedio, y un Indicativo de Daño debido a las Vacunas
Para finales de 1995, se volvió más evidente que Max
estaba siendo agravado mas que ayudado por su remedio. El estaba
consistentemente mas hiperactivo y en retroceso. Empezamos a reducir la
frecuencia de su dosis, pero el agravante permaneció. Finalmente, en Enero de
1996, un año después de haber empezado el tratamiento homeopático, lo detuvimos
por completo.
De manera consistente, de la misma forma en la cual Max
tuvo marcadas mejorías mensualmente con el cambio de dosis, retirando el
remedio ahora redituó en un gran aumento en su lenguaje y habilidad social.
Este cambio a favor continuó por cerca de cuatro meses hasta que se estabilizó.
Max se tranquilizó y su verdadera personalidad empezó a emerger de manera
enérgica. El es un entretenedor. El es sociable y sensitivo. A pesar de que él
era inmaduro todavía en ese momento, él estaba adelantado de sus compañeros
académicamente. El era respetado y agradaba tanto a sus maestros y compañeros
de clases. En Mayo de 1996, Donna evaluó de nuevo a Max. ¡El resultó estar
adelantado a su edad! Un día en el que Steve y yo gustosamente firmamos
documentos para liberar a Max de su elegibilidad para recibir educación
especial, Donna le dijo al representante de servicios sociales del condado que
no había sido su terapia la cual había hecho truco en él; había sido la
homeopatía. Ella también invitó a John y a mí a presentar el caso de Max en su
clínica, lo cual hicimos ese verano.
Max tenía casi en ese entonces cinco años de edad, era
tentador par mí y Steve el creer que el ahora había sido curado totalmente. Sin
embargo, John estaba menos seguro, y resultó que el tuvo la razón. Existían
todavía vestigios de su anterior autismo, a pesar de que estos no eran
realmente aparentes. Por ejemplo, su producción de lenguaje continuó un tanto
extraña en ocasiones. En momentos de estrés (por ejemplo, cuando estaba
enfermo), el se retraía y utilizaba la ecolalia como una estrategia del
lenguaje.
Pero en general, Max estaba funcionando extremadamente
bien. El se “enganchaba” en discusiones reales con la familia y amigos. El
solicitaba explicaciones acerca de su cuerpo y entorno. El contaba historias
acerca de su día en la escuela y acerca de programas de televisión. El estaba
también fascinado con juegos de fantasía y vestirse. Max inclusive era popular
en la escuela, con niños corriendo hacia él para saludarlo. El era capaz de
ajustarse fácilmente a nuevas situaciones sociales durante el verano de 1996,
listo para adaptarse a dos nuevos campos de veranos. Max también se había
convertido en un ávido lector – otra consecuencia del Carcinosin. Antes de que
él empezara el jardín de niños el ya podía leer libros del Dr. Seuss.
Sin embargo, para el final del verano de 1996, empecé a
notar un leve retroceso en el lenguaje y conciencia social de Max. También
ocurrió que era el momento de su revisión de los cinco años de edad con su
pediatra. Y por primera vez, rechacé las inyecciones de rutina. A la edad de
cinco años, es costumbre administrar todas la vacunas – sarampión, paperas, y
rubeola (MMR), difteria, pertussis, y tétanos (DPT), y polio. Habiendo leído
acerca del posible nexo entre el autismo y el daño ocasionado por las vacunas,
no quería “correr riesgos”. Nuestro pediatra no discutió conmigo acerca de mi decisión.
Pero ella me convenció de darle a Max la vacuna de tuberculosis (TB) la cual es
un requerimiento para entrar al jardín de niños en California – ahora
administrada como una inyección en lugar de la antigua prueba de pinchamiento.
Infortunadamente, la inyección provocó una marcado
agravio y deterioro en el estado de Max. Durante la siguiente semana, el se
puso más sensitivo, llorando sin razón aparente. Los maestros en el campo y la
escuela remarcaron el cambio en él. El se había puesto más retraído y temeroso.
El no era el tradicional “él”. Esta reacción me hizo reflexionar si, de hecho,
las vacunas habían sido la raíz de los problemas de Max en primera instancia.
Años después, descubrí otro indicativo acerca de esto. Después de haber
administrado una dosis de MMR solamente una semana después de haberse
recuperado de roseola – una enfermedad relacionada con el sarampión. Quizás él
había estado en un estado comprometedor. De hecho, la vacuna MMR ha sido
altamente relacionada en “disparar” el autismo [Wakefield].
Afortunadamente, después de intentar con un par de
remedios, nuestro homeópata simplemente sugirió que regresáramos al Carcinosin.
Después de una dosis simple, Max estaba de regreso en unas cuantas horas a su
estado normal. Respiramos en señal de alivio. Max retomó el remedio y lo
mantuvimos durante otros ocho meses, de nuevo cambiando el nivel de las dosis
alrededor de cada mes. De nuevo vimos el característico comportamiento de
respuesta mensual. Después de ocho meses, en Marzo de 1997, inmediatamente
identifiqué consistentes agravantes y detuve el remedio. Una vez más, esto fue
seguido por un largo período de notable mejoría.
Un Continuo Proceso
Desde ese tiempo, Max no ha necesitado dosis diarias de
Carcinosin. Tal como el resto de nuestra familia, él visita nuestro homeópata y
osteópata cerca de dos veces al año, cuando la necesidad se presenta. En
ocasiones él recibe un remedio para tratar problemas leves de comportamiento y
emocionales que emergen. En ocasiones él recibe un remedio cuando tiene una
infección o virus y necesita un poco de ayuda adicional para sobrepasarlo. Lo
mismo sucede conmigo, y nuestro hijo Isaac. Todos estamos en un continuo
proceso de sanación y crecimiento.
En el otoño de 1997 sentí que Max estaba listo para dejar
la escuela Montessori. A la edad de seis años, él entró al primer grado a la
escuela privada a la cual Isaac asistía. Desde ese entonces le ha ido bien a
Max tanto académica como socialmente. El es un compañero de corazón abierto,
sensitivo, y de alguna manera un comediante que disfruta dibujar y el arte (el
está especialmente aficionado a las raras y enigmáticas pinturas de M.C.
Escher), jugando juegos de computadora, leyendo libros de fantasía y ciencia
ficción, y escribiendo e ilustrando sus propios relatos de ciencia y ficción.
Pero como todos los niños, Max está creciendo y
ocasionalmente necesita apoyo social y homeopático. Cuando estaba en el segundo
grado, comentarios de sus maestros nos alertaron en el hecho de que el todavía
estaba teniendo algo de dificultad para procesar entradas auditivas. Por
ejemplo, en ocasiones él perdía parte de las instrucciones orales o puntos
clave en historias, especialmente cuando estas eran leídas en forma alta a la
clase. Siendo bastante sensible al desapruebo, Max tendía a encubrir estas
deficiencias y no solicitaba ayuda o clarificación de su maestro. El resultado
era en ocasiones una asignación excelentemente ejecutada o un ensayo, pero
escrito en el tema equivocado. Los maestros estaban desconcertados. El comportamiento
afectivo de Max era bastante normal y su ejecución de las tareas era siempre
excelente si había entendido lo que se esperaba de él. Parecía existir algo
extraño para ellos.
Usted verá, hasta este entonces, no le había mencionado a
ninguno de sus maestros acerca de su anterior autismo. No quería predisponerlos
al respecto de ninguna manera. Y quizás también yo quería olvidarme al
respecto. Cuando estas nuevas cuestiones aparecieron, les platiqué la historia
de Max a los maestros. Como resultado, ellos trataron de proveerle instrucciones visuales y escritas cuando era
necesario, y ocasionalmente lo revisaban para asegurarse que había comprendido
la asignación de la clase. El efecto obtenido fue excelente.
Max ahora lo está haciendo bien en su vida. Después del
tercer grado, sus problemas de procesamiento auditivo parecen haber
desaparecido, gracias al constante tratamiento homeopático. Sus maestros ya no
reportan ningún problema al respecto. Hoy en día su comportamiento, conductas,
y diarias interacciones con sus amigos y familia no son de ninguna manera
autista. Es un sociable compañero con sus amigos, y un excelente estudiante
trabajador para su edad y nivel escolar. El toma lecciones de piano y tenis. El
asiste a campamentos de verano, incluyendo un campamento con duración de un
mes. El es un tanto resistente con su grupo, siempre capaz de defenderse con
cierto tipo de humorismo y encanto. El es también una apacible alma, amado por
sus maestros. Por supuesto, él continúa teniendo sus problemas, como cualquier
otro niño. Pero continuamos trabajando con estas y Max continúa mejorando.
Invariablemente, su espíritu y talento brilla sin limitaciones. Max ya no es
autista, pero sigue siendo un “talentoso,
muy” niño.
¿Por qué Autismo?
De acuerdo con la Sociedad Americana del Autismo,
entre 500,000 y 1,500,000 Americanos hoy en día tienen alguna forma de autismo.
Y el número está en aumento. Observe en su comunidad – los casos de autismo
están apareciendo por donde sea. Cada día escucho acerca de más casos de esta
condición considerada en alguna ocasión como increíblemente rara y dolorosa. En
un declaración al Congreso en 1999 apoyada por la Central Missouri District
School Nurse Association, Patti White, R.N., estimó que la tasa de desordenes
del tipo autista se había incrementado en su distrito de 1 en 10,000 a 1 en 150
[White]. Un reporte del gobierno de California en 1999 también encontró un alarmante aumento en el
número de casos de autismo en ese estado [AutismCalifornia]. De hecho, en el
2001, el Departamento de Salud de los Estados Unidos reportó que la incidencia
del autismo esta en aumento a una tasa de más del 20% por año [Herald].
¿De dónde proviene esta alarmante tendencia? Como se
mencionó anteriormente, una explicación psicológica que se ha propuesto es la
caprichosa reacción a la proteína de la leche. Dos estudios conducidos en la
Universidad de Florida [Ross, Sun1, Sun2] han encontrado que algunos individuos
autistas y esquizofrénicos pueden tener deficiencia en su habilidad de
desdoblar las proteínas encontradas en la leche, posiblemente debido al mal
funcionamiento enzimático.
Ahora obviamente, el reciente dramático aumento del
autismo no puede simplemente atribuirse a la leche – algo que los niños han
consumido desde siempre. Lo que ha cambiado es la habilidad de estos niños de
asimilar la leche. En efecto, varios estudios y libros han correlacionado
directamente el aumento del autismo – de hecho, el propio fenómeno autista –
con la introducción del programa Americano de vacunación. Los reportes más
antiguos de casos de autismo reportados en los Estados Unidos fueron en 1943,
ocurridos en familias influyentes – las familias las cuales pudieron ofrecer a
sus niños los beneficios de la medicina moderna, incluyendo las vacunas
[Coulter90].
Desde entonces, la situación ha ido solamente empeorando.
Es hoy un hecho incontrolable que la incidencia del autismo, ADD, y otros
desórdenes del comportamiento y aprendizaje han aumentado estrepitosamente
durante los pasados veinte años, junto con un agudo aumento de alergias severas
y otros varios tipos de desordenes auto inmunológicos. El aumento ha ocurrido a
la par del aumento y obligatorio uso de inmunizaciones para prácticamente cada
una de las enfermedades infantiles. De hecho, el número de diferentes antígenos
de enfermedad (los constituyentes de las vacunas que accionan la respuesta
inmune) que son recomendadas para los niños para el tiempo que tienen cinco
años de edad se ha triplicado en las últimas dos décadas [MercolaVaccine].
¿Puede esta correlación entre el aumento de las vacunas y
el aumento en desordenes inmunológicos y del comportamiento, ser explicados
científicamente? Algunos científicos están empezando a creer que el fenómeno
puede ser explicado por el hecho de que las vacunas estimulan un área diferente
del sistema inmune (el humoral o función Th2). Como resultado, puede ser la
sobre estimulación de la función Th2 del cuerpo (por un constante aumento de
vacunas) la que puede estar causando caprichosas respuestas auto inmunes
[Incao]. Otra teoría popular es que varios ingredientes de las vacunas – el
mercurio, en particular – son la causa.
Cual sea la explicación, la gente está empezando a tener
informes. La declaración de la enfermera de Missouri, Patti White, asevera que
sus sospechas son las ahora populares vacunas contra la hepatitis B. En alguna
ocasión una defensora de las vacunas, White, ha observado un dramático aumento
en problemas de conducta en la edad infantil en su distrito escolar, así como
asma, diabetes, y otras enfermedades crónicas, desde que la vacuna para la
hepatitis B fue obligatoria en infantes en 1991 [White]. El Autismo y otros
problemas de conducta han sido también ligados a la vacuna DPT, debido a
convulsiones o inflamación cerebral que ocurren horas o días después de haber
recibido la vacuna [Coulter]. Mas recientemente, la vacuna MMR ha sido
implicada en un estudio inglés realizado por Andrew Wakefield. Esta vacuna
presumiblemente causa problemas intestinales anormales en niños autistas, y
también es sospechosa de desencadenar la enfermedad de Crohn”. A pesar de que
el estudio de Wakefield se ha enfrentado a la crítica que uno puede esperar por
tal resultado científico no muy popular, sus sospechas acerca de que la vacuna
MMR ha sido apoyada por otros estudios. Por ejemplo, el investigador Americano
V.K. Singh ha encontrado evidencia que el autismo puede ser un desorden de auto
inmunidad del cerebro que ha sido desencadenado por la vacuna MMR [Singh]. Hoy
en día, muchos padres dentro de la comunidad Americana y Británica autista
siente que esta vacuna, en particular, es la culpable de la condición de sus
niños. He llegado a creer que este fue el caso de Max también.
Será un impactante y triste día cuando nosotros como
sociedad admitamos a nosotros mismos que, en nuestro esfuerzo de evitar
enfermedades infantiles (muchas de las cuales usualmente son benignas), o
innecesariamente proteger a recién nacidos de enfermedades primordialmente
encontradas entre usuarios de drogas intravenosas (hepatitis B), podemos estar
inadvertidamente mutilando de por vida a muchos de nuestros niños, tanto física
como mentalmente.
Afortunadamente, la homeopatía tiene un antiguo y exitoso
historial en reparar el daño ocasionado por las vacunas. También ha sido
exitosa en curar (no solamente mitigando) las alergias, asma, y problemas de
conducta que pueden ser resultado de este daño. El caso de Max es un caso que
señalar. Existen remedios Homeopáticos que están disponibles para tratar y
prevenir las mismas enfermedades infantiles que las vacunas están intentando
prevenir. Por la tanto, la homeopatía no
provee solamente una herramienta de curación, sino también es una forma
alternativa de tratar con las enfermedades que las vacunas están diseñadas en
prevenir.
El Camino de Curación
La cura de Max fue un milagro. No hay todavía un día que
pase sin que le dé las gracias a Dios por haber salvado a Max y al resto de mi
familia de lo que pudo haber sido un resultado trágico. Pero la curación de Max
no ocurrió sin sus altibajos. Invariablemente, sobreponerse de un problema tan
serio como el autismo es un proceso que lleva tiempo.
En retrospectiva, me doy cuenta que fuimos tremendamente
afortunados en encontrar el remedio perfecto de Max inmediatamente. Debido a
que fuimos capaces de observar al menos un poco de progreso durante la sanación
de Max, fue fácil mantenernos en el proceso. Con mucha frecuencia, sin embargo,
lleva tiempo al homeópata encontrar un buen remedio para un paciente. Esto es
especialmente cierto en casos complejos o crónicos. El resultado neto puede ser
un tipo de tendencia curativa en forma de “zigzag”, un gradual y tortuoso
retorno de la salud. Después de todo, un homeópata no puede hacer mas que
intentar igualar los síntomas actuales de un paciente a los que mejor se amoldan
de los remedios que ellos tienen disponibles.
Por supuesto, existen ocasiones cuando una cura milagrosa
ocurre rápidamente. Lo he visto yo misma. Pero usualmente, el camino en la
curación de una enfermedad crónica no es tranquilo. Pueden haber períodos de
agravación los cuales hay que soportar y modificar la dosis y el remedio a
utilizar. Lleva paciencia, perseverancia, y demasiada educación en la
homeopatía para cooperar efectivamente con el médico homeópata y acostumbrarse
a los altibajos a lo largo del camino.
No olvide, un homeópata necesita conocer muchos síntomas
– incluyendo aquellos que son muy particulares – para hacer una buena
prescripción. Sin un total entendimiento del estado físico, mental y emocional
de la persona, un homeópata solamente podrá trabajar superficialmente y podrá
tener un impacto superficial en la salud del paciente. Aun cuando todos los
síntomas relevantes sean conocidos, es frecuentemente difícil interpretar el
caso correctamente y encontrar el simillimum. Debido a esto, la práctica de la
homeopatía, como muchos otras terapias de curación holísticas, es un arte que
requiere años de experiencia y dominio. En casos difíciles, aun el más
experimentado homeópata puede necesitar algo de tiempo para entender a un
paciente lo suficiente para encontrar el camino hacia su curación.
Desde que publiqué mi artículo original acerca de la cura
de Max en 1998 [Lansky], he sido
contactada por muchos padres de niños autistas de todo el mundo. Recientemente,
un padre llamó diciéndome que debido a este artículo, el ha buscado tratamiento homeopático para su
hijo autista – y que su hijo ahora se está recuperando. Esa llamada telefónica
hizo que todos mis esfuerzos por esparcir el caso de Max valieran la pena.
Sin embargo, en muchas de mis conversaciones con estos
bloqueados padres, he descubierto un montón de resignación y fatalismo acerca
de la condición de su hijo. A pesar de pasar horas en el teléfono o correo
electrónico con ellos, asegurándoles que el autismo ha sido curado en el caso
de Max y haber sido tratado satisfactoriamente en otros casos también
[Herscu-Aut], la mayoría de los padres no le han dado a la homeopatía una
completa oportunidad. En un caso, una madre procuró un homeópata y obtuvo un
remedio para su hijo, pero estaba demasiado temerosa de dárselo. En otros
casos, los padres discontinuaron el tratamiento después de un mes, ya sea
debido a que no observaron suficientes efectos del remedio, o debido a que
estuvieron asustados por las agravantes.
De estas experiencias he aprendido una lección proverbial
– “usted puede guiar a un caballo al agua pero no puede hacer que se la tome”.
Es mi expectativa que, en los casos de los humanos al menos, adicional
educación pueda llevar a un conocimiento de la necesidad de tomarse el primer trago
y mantenerse tomándolo. Ese es el porqué continúo compartiendo la historia de
acerca de la cura de Max y el porqué hace poco tiempo escribí un libro al
respecto de este asombroso sistema médico [LanskyBook].
Si unos llegan con un homeópata debido a que están
sufriendo una persistente enfermedad crónica, ellos deben otorgarle tiempo al
homeópata – al menos seis meses – para encontrar un buen remedio y régimen de
dosis. De hecho, si un doctor alopático ha dicho que una condición es
incurable, ¿por qué las personas se sorprenden o desaniman cuando no son
curados inmediatamente y fácilmente por un homeópata?. Con mucha frecuencia las
personas toman alternativas como la homeopatía cuando han perdido la esperanza
por completo, y ellos esperan que suceda un milagro de la noche a la mañana.
Pero la curación usualmente lleva tiempo.
También requiere confianza. En el caso del autismo y
otras enfermedades infantiles severas, los padres frecuentemente se ponen
temerosos y desalentados, y es algo entendible. Es muy difícil para ellos
verdaderamente aceptar la enfermedad de su hijo. Es aún más difícil para ellos
cultivar una actitud de confianza y crédito de que su hijo será curado. En
muchos casos, es muy difícil para ellos enfrentar la potencial decepción de un tratamiento
fallido. ¿Pero qué es peor? Decepción, o ¿una vida entera de tratar a un niño
discapacitado?
Creo que es una actitud de aceptación cariñosa aunado con
la confianza en la cura, lo que es la clave para la recuperación de cualquier
persona. He leído que no son los luchadores los que se recuperan del cáncer.
Por el contrario, son aquellos individuos que son capaces de aceptar su
enfermedad y sus efectos, y aun así mantener confianza de que ellos llegarán al
otro lado de la misma. Un difícil estado mental por lograr – ¡no hay duda al
respecto!. Mientras que la aceptación de la enfermedad se logre por alguien, si
no sucede junto con la confianza de que se curará, puede en ocasiones ocasionar
enfermedades psicológicas. Cuando esto sucede, la positiva intención que adopta
el proceso curativo puede ser desencarrilado.
Por ejemplo, he conocido unos padres los cuales se han
convencido de que sus hijos están bien siendo autistas. A pesar de que esta
actitud puede hacer sentir bien al padre relativo a su situación, no ayuda en
nada al niño en recuperarse. ¡Ciertamente, sus hijos estarían mejores si no
fueran autistas! Si queremos que nuestros hijos (o nosotros mismos) se
recuperen, es imperativo que nuestro amor y aceptación sea en conjunto con una
visión interna de recuperación. Creo que esta conjunción de actitudes puede ser
la más simple fuerza poderosa para lograr la cura – la segunda más poderosa,
por supuesto, prescribir un correcto remedio homeopático.
Ser un paciente homeopático es invariablemente una travesía
hacia el crecimiento. Es una transformación, no un paliativo; un potencial
cumplimiento y retorno a una funcionalidad normal, no una operación de “cortar
y pegar”. Puede necesitar esfuerzo, pero la cura (contrario a una
indeterminable paliación o supresión)
vale la pena hacer el esfuerzo. Requiere conocimiento de nuestros
síntomas y deseo de divulgar todos los aspectos acerca de uno mismo hacia el
homeópata. Requiere una actitud de “aferrarse en algo”.
Espero que la historia de Max haya también ilustrado otro
punto – la necesidad de adaptarse a la mejoría y crecimiento a medida que
ocurre. Debido a que una persona que se someta a un tratamiento homeopático
puede cambiar de manera fundamental, es importante realizar cambios en el
estilo de vida para amoldarse al cambio. En el caso de un niño, esto puede
requerir cambiar la escuela y tipo de cuidados. En un adulto, el moverse hacia
la salud puede causar cambios en el trabajo y las relaciones. Después de todo,
con el fin de realmente sanar, una persona debe frecuentemente reparar otras
circunstancias que contribuyen a su enfermedad.
Finalmente, la homeopatía es idealmente una cuestión de
familia. Por un lado, la curación de un niño puede realmente depender de la
habilidad de los padres en cambiar y mejorar también. Del mismo modo, la
curación de un niño puede liberar la energía de la familia de tal forma que
otros miembros de la familia puedan desarrollarse a su propio potencial. Al
final de todo, la homeopatía puede mejorar la dinámica completa de la familia,
debido a que se pone a rodar un ciclo de cambio y crecimiento. En nuestra
familia, una vez que Max había mejorado, Steve y yo fuimos capaces de trabajar
en nosotros y nuestro matrimonio. Eventualmente, Izzak fue capaz de expresar
sus necesidades y ser atendidas también. Y el ciclo aún continua. Espero que al
haberle platicado nuestra experiencia le haya servido a usted, su familia, y
nuestra sociedad para encontrar una verdadera curación. Porque la curación es posible.
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 © copyright 2005, 2006 Autism Research Institute
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