Capítulo 18
Aprendiendo Como Tratar con el Autismo
Por Bryan Jepson, M.D.
Dr. Jepson es el Director Médico de la organización
no lucrativa Children´s Biomedical Center of Utah en el pueblo
de Sandy, donde vive con su esposa Laurie, y su hijo, Aaron (nacido en
Marzo de 1998). Esta historia fue escrita en Mayo del 2002.
Siempre me había considerado un médico
alopata tradicional. Y como muchos médicos alopatas
tradicionales, también había sido escéptico
acerca del “otro lado”, me refiero a los médicos de
medicina alternativa. Tengo más conocimientos acerca de tratar
enfermedades que en prevenirlas, mucho mejor en enmascarar los
síntomas que en corregir la causa. Asociado con el hecho de que
mi área de especialidad es en medicina de emergencias, donde mi
trabajo es tratar enfermedades agudas y dejar las condiciones
crónicas en otros médicos para que se preocupen en
curarlas.
Existe confort en la especialización. El cuerpo
humano es tan complejo y la investigación médica tan
vasta que sería imposible para una persona ser experta en cada
aspecto del mismo. Los médicos alopatas en particular tienden a
separar los órganos del sistema y enfocarse en estos
individualmente, enviando a sus pacientes con otros
“especialistas” cuando sus síntomas no encajan por
completo dentro de su angosto campo de conocimiento.
La nutrición es una de estas áreas en las
cuales muy pocos de nosotros estamos adecuadamente entrenados.
Recuerdo haber invertido menos de dos semanas de educación
médica, enfocado en nutrición. Pasamos más tiempo
memorizando enfoques bioquímicos que en aprender en como estos
aplican en funciones de cuerpos normales y desequilibrados, y lo que
aprendemos es luego relegado a los corredores escondidos de nuestro
cerebro tan pronto como los exámenes son terminados. Y
aún así, encontramos fácil no considerar la
importancia de la nutrición en el tratamiento de las
enfermedades.
Los Doctores, en general, no son muy buenos en admitir su
ignorancia, y tienden a desechar teorías sin haberlas estudiado
lo suficiente. Y aún así, estamos más
influenciados de lo que admitimos por las agresivas tácticas de
mercadeo de las compañías farmacéuticas.
He desarrollado a lo largo de mis años de
entrenamiento médico un sano escepticismo de la literatura
médica. He invertido mucho tiempo en aprender de la medicina
basada en evidencia real, por ejemplo, ejercer de acuerdo a la mejor
evidencia disponible en lugar de confiar en el dogma de la medicina
tradicional. Muy frecuentemente, los métodos de tratamiento que
han sido transferidos a la comunidad médica y aceptados como la
verdad o el estándar de cuidados, son posteriormente
desaprobados o modificados por posteriores investigaciones.
Frecuentemente, estos dogmas están basados en nada más
que en la opinión de unos cuantos individuos. De manera no
afortunada, en la mayoría de los casos la evidencia no existe o
es incompleta, teniendo los médicos que confiar en su mejor
juicio basado en principios biológicos. A través del
estudio crítico de la literatura, también he aprendido
que mucha, sino es que la mayoría de la literatura está
sesgada en varios frentes, y que frecuentemente las conclusiones no
concuerdan con los datos. Desafortunadamente, la mayoría de los
médicos no se toman regularmente el tiempo suficiente para leer
la metodología de los estudios, y por lo tanto ellos
frecuentemente cambian su ejercicio médico basados en
conclusiones manipuladas o evidencia incompleta. Muchos médicos
simplemente confían en la práctica estándar de
aquellos a su alrededor y luego siguen a la multitud a medida que
nuevos medicamentos o tratamientos son presentados, inclusive sin
mirar en la literatura.
Así que, es con esta experiencia que entré en
esta travesía hacia dentro del campo del autismo. Mi segundo
hijo, Aaron, fue diagnosticado con autismo poco antes de su tercer
aniversario. El tuvo una gestación y nacimiento sin
complicaciones y pareció desarrollarse normalmente durante su
primer año y medio de vida. El estaba en este mundo, feliz,
interactivo, y no tuvimos ninguna razón para sospechar que algo
estaba mal.
En algún momento del segundo año de Aaron,
sin embargo, notamos que el no parecía estar
escuchándonos bien cuando caminaba hacia dentro del cuarto. El
nunca se daba cuenta cuando yo llegaba a casa después del
trabajo. El no quería que jugáramos o le
leyéramos un cuento. Nuestro primer pensamiento fue que
quizás él tenía problemas de audición.
Pero sabíamos que no era sordo. El no podía recitar el
abecedario; de hecho, esto lo hacía repetidamente
anteriormente. Estábamos entusiasmados de que él fuera,
a pesar de todo, tan inteligente. El también podía
frecuentemente repetir líneas de su película favorita,
“Toys Story”. Mi hija, Laurie, sintió en esta etapa
que algo estaba mal. No le di importancia ya que consideraba que
él era una “persona independiente”.
Cuando Laurie habló con nuestro pediatra acerca de
su preocupación de que Aaron no estaba desarrollando lenguaje
al mismo ritmo que otros niños o de nuestro hijo mayor, se le
dijo a ella que algunos niños no empiezan a hablar hasta mucho
después y que no se preocupara. En esta etapa, la palabra
“autismo” nunca había cruzado mi mente. Lo que
sabía acerca del autismo no era probablemente mucho más
de lo que cualquier otra persona sabía con tan solo haber visto
la película “Rain Man”. He tratado algunos
adolescentes con autismo severo anteriormente en ER (Emergencias), y
ellos estaban severamente discapacitados, con mínimo lenguaje
los cuales se encogían en cualquier momento que se les tocaba.
Mi hijo, ciertamente, no era como estos. El amaba ser cargado y era un
niño feliz el cual estaba usualmente contento y parecía
hacerlo bien en los descansos de sus rutinas. Estuve de acuerdo con su
doctor de que solo lo observáramos, y yo esperaba que él
lo superaría “a medida que creciera”.
Para el tiempo que Aaron tenía dos años y
medio, a pesar de todo, era claro que el no iba a mejorar. De hecho,
estaba empeorando. El solamente jugaba con sus juguetes de “Toys
Story” o las letras del abecedario; él daba vueltas en
círculos en medio del piso; se reía sin razón
aparente y se retraía. El nunca nos llamaba por nuestro nombre
y nunca nos miraba a los ojos. A pesar de que sabía algunas
palabras, el nunca utilizaba el lenguaje para comunicarse. Poco antes
de esto, nuestro sobrino fue diagnosticado con el Síndrome de
Asperger. Así que, empezamos a buscar en el Internet donde
leímos historias de otros niños con autismo, y nos dimos
cuenta que estaban describiendo a nuestro hijo.
Fuimos al sistema escolar, realizamos pruebas de
audición a Aaron, vimos a un patólogo del lenguaje y
fuimos enviados con un psicólogo infantil. Antes de entrar al
consultorio del psicólogo, sabíamos que nuestro hijo era
autista. No estábamos preparados, sin embargo, por lo
estábamos a punto de oír. Se nos dijo que nuestro hijo
cumplía con 10 de los 12 criterios DSM-IV del autismo y que el
no tenía un buen pronóstico de recuperación
funcional. El psicólogo nos dijo que a través de su
programa educativo, Aaron podría mejorar al punto de tener
mínima funcionalidad social pero que nos deberíamos de
preparar mentalmente para el tiempo en que él tuviera que ser
enviado a un interinato institucional. También nos dijo que
íbamos a escuchar de muchas “intervenciones”
experimentales que mucha gente estaba probando, pero que no
perdiéramos nuestro tiempo y dinero por que ninguna de estas
había sido probada en ser de utilidad. Sin tener que decirlo,
salimos del consultorio en un estado de “shock” y sin
ninguna esperanza. ¿Cómo podría ser posible que
este fuera el futuro de nuestro precioso, feliz pequeño?
Laurie y yo manejamos estas noticias de diferentes maneras.
Yo estaba dispuesto a aceptar esto como uno más de los
desafíos que nos presenta la vida y aceptarlo tal cual.
Después de todo, yo era un doctor y nunca había
escuchado nada diferente acerca de la efectividad de los
métodos para tratar el autismo mas que de los que el
psicólogo había sugerido. Sabía que mientras
nosotros fuéramos físicamente capaces de hacernos cargo
de los cuidados de Aaron, él podría vivir con nosotros,
en nuestra casa. Lo amaríamos y apreciaríamos la
oportunidad de aprender de él, y esperábamos que
él pudiera ser capaz de ser recíproco a ese amor.
Laurie, por el otro lado, no estaba dispuesta a aceptar el
miserable pronóstico. Ella se sumergió en el Internet,
buscando por cualquier cosa relacionada al autismo. Ella
aprendió acerca de la dieta libre de gluten, libre de
caseína, y la inició en Aaron en un tiempo muy corto.
Ella aprendió acerca de los suplementos vitamínicos,
DMG, antilevaduras, y probióticos. Todo esto me sonaba como una
buena manera para los fabricantes de vitaminas de obtener ganancias de
otra enfermedad “incurable”. Yo básicamente me
mantuve inicialmente sin involucrarme y desinteresado en estas
intervenciones porque no creí que podrían tratar el
desorden del desarrollo de mi hijo. A pesar de mi escepticismo, sin
embargo, sentí que la única cosa que estas
intervenciones estaban dañando era mi cartera, y que eso era un
pequeño precio que pagar para la necesidad de Laurie de
“hacer algo”.
Pero cuando ella trajo a mi atención la posible
relación con las inmunizaciones, ya no pude ser indiferente.
Después de todo, esto estaba atacando a una de las pocas
áreas de la medicina preventiva a la cual cada médico
alopata es muy apasionado. ¡Las inmunizaciones son buenas!
¡Ellas eliminan las enfermedades que amenazan la vida!
Había visto de primera mano el éxito que tienen las
inmunizaciones en convertir enfermedades relativamente comunes, en
casos muy raros. Autismo, repliqué, es solamente una de esas
enfermedades infantiles que alocadas personas en contra del gobierno
utilizan de manera oportunista como una excusa para forzar sus
agendas. Pero busqué en las investigaciones, para de manera
contundente probar a mi esposa que no tenía fundamentos. Lo
más que busqué, lo más interesado que me
convertí. Y con anterioridad había tenido, de hecho,
preocupaciones acerca de que las vacunas no estaban basadas en
caprichos de activistas o en las carteras de los fabricantes de
vitaminas, sino en la ciencia real con fuertes fundamentos
biológicos, y que estas preocupaciones habían sido dadas
a conocer por médicos experimentados y motivados
científicos, y padres de niños autistas que no
tenían miedo de cuestionar al dogma. Me convencí
más después de asistir a una Conferencia DAN!, y
escuchar a presentadores e historias de mucha otra gente como nosotros
que estaban buscando respuestas.
Fue poco tiempo después que decidí que no
podía ser un participante silencioso y que tenía que
educar a las personas acerca de las intervenciones biológicas
para el autismo y ofrecerla a las personas en mi área. Previo a
eso, los padres que habíamos conocido cuyos niños
estaban sometidos en alguna intervención biomédica,
estaban viajando a lo largo del país para ser tratados por
algún médico conocedor en estos protocolos. Establecimos
una clínica libre de lucro llamada Children´s Biomedical
Center of Utah, la cual abrió oficialmente en Marzo del 2002.
Tenemos tres misiones primordiales: Proporcionar intervenciones
médicas actualizadas a personas con síndrome del
espectro autista, educar al público y a la comunidad
médica acerca de las cuestiones relacionadas a este
síndrome, y prevenir casos futuros al ofrecer vacunas en un
itinerario alternativo que incorpora las filosofías del
movimiento DAN!. En el corto tiempo que he estado tratando personas
con autismo, he sido recompensado – recompensado con las
historias de niños que mejoran y con el gesto en la cara de
padres que tienen renovadas esperanzas para sus hijos.
Actualización (Febrero del 2003):
Cuando primeramente había escrito esta historia,
había abierto recientemente mi clínica. Durante el
año pasado, he tratado alrededor de 150 niños autistas.
He atestiguado sus marcadas mejorías en la mayoría de
estos niños utilizando intervenciones biomédicas.
Desafortunadamente, existe un amplio rango de respuesta entre estos
individuos. Lo más que aprendo acerca del autismo, lo
más que me doy cuenta lo complejo que es este desorden y todo
lo que tenemos que aprender para poder comprenderlo. Es como un
rompecabezas de 1000 piezas, y a pesar de que estamos ensamblando las
piezas más rápido que nunca, todavía no conocemos
el panorama completo. Ha sido algo grandioso observar el creciente
movimiento de la investigación del medio a pesar de las fuerzas
del “otro lado”. Tengo confianza que con acrecentada
conciencia y suficientes fundamentos, el progreso para entender este
desorden proseguirá de forma rápida.
Mi hijo Aaron está bien. Ciertamente el no
está curado y tiene una batalla que luchar todos los
días, pero su progreso es constante y tenemos todas las razones
para creer que así continuará.
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