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Capítulo 17

Cuando los Relámpagos Pegan Dos Veces

Por Nancy Jelen

Nancy Jelen y su esposo viven cerca de Philadelphia, Pennsylvania, con sus tres hijos, Michael, Betsy, y Jerry. Betsy, nacida en 1987, y Jerry, nacido en 1994, son autistas. Esta historia fue escrita en Octubre del 2002.

Esta es la historia de la travesía de nuestra familia a medida que enfrentamos los retos del autismo, el cual ha golpeado a dos de nuestros tres hijos.

Mi marido, mi hijo mayor de 17 meses, y yo ansiosamente esperamos la llegada de nuestro segundo hijo, no estábamos enterados del camino que se nos presentaba en nuestro futuro. Lo teníamos todo: una familia hermosa, un matrimonio feliz, y un negocio exitoso. La vida no podía ser mejor.

¡Es una niña! Elizabeth Lauren, nació en Marzo 28 de 1987, seis libras y dos onzas (2.77 Kgs.), una preciosa niña, con dos ojos brillantes y facciones perfectas. Las enfermeras se retiraron rápidamente, regresando en un corto tiempo para informarnos que ella estaba teniendo un poco de dificultades para respirar, pero que no era algo para preocuparse, ella estaría bien.

Los doctores nos dijeron que debido a que ella nació tres semanas antes de lo esperado, sus pulmones no estaban totalmente desarrollados (esto era muy común, se nos dijo). Después de que ella pasó once días en cuidados intensivos, finalmente pudimos llevar a nuestra niña a casa. Su hermano mayor estaba entusiasmado, llamando a su hermana por su nombre, “Alittlebit” (Elizabeth). Decidimos decirle Betsy. Rápidamente olvidamos el difícil nacimiento que nuestra hija había tenido a medida que gozamos cada expectativa del desarrollo que ella iba logrando, y la vida continuó mostrándose de manera perfecta.

Su primer aniversario. Continúo reviviéndolo en mi memoria. Ella estaba vestida con su atuendo de fiesta, caminando, hablando, y en general disfrutando todas las atenciones y regalos. Su regalo favorito fue un cochecito de mimbre estilo antiguo, dado a ella por sus abuelos; ella lo empujaba con su muñeca encima por toda la casa.

Cuando ella tuvo 15 meses nos movimos a una casa más grande. En ese entonces, empezamos a tener algunas preocupaciones. Primeramente pensamos que Betsy tenía problemas auditivos. Ella no venía cuando le llamábamos, y su vocabulario de 20 palabras o más empezó a convertirse en silencio. Ella desarrolló severas erupciones debido a los pañales después de recibir una serie de inmunizaciones, pero fue el cambio en sus comportamientos lo que nos preocupó. Observamos sin poder ayudar a nuestra hija deslizarse hacia su propio mundo.

¿Qué estaba pasando? ¿Hacia dónde se fue esta balbuceante y feliz pequeña? Estas preguntas fueron respondidas inclusive con otras preguntas adicionales.

Así que nuestro viaje por encontrar respuestas empezó. Primeramente fuimos con el pediatra, y luego con el especialista en oídos para ver si Betsy podía escuchar. Su audición se encontraba prácticamente intacta, así que el doctor la envió a una evaluación cerebral para ver si todos los niveles de su audición estaban funcionando. Su audición estaba bien. Así que fuimos a ver a mas especialistas: un neurólogo, un psicólogo, un especialista en pediatría del desarrollo los cuales conformaban un equipo de trabajo en el Children’s Seashore House. Después de dos días de evaluaciones, este equipo de especialistas nos dio el diagnóstico: profundo desorden del desarrollo, ó PDD/autismo.

Me senté desconsolada. Las palabras no parecían encajar – ellos posiblemente no podían estar hablando acerca de nuestra pequeña.

A pesar de que el equipo de profesionales fue capaz de diagnosticar a nuestra hija, ellos no tenían respuestas a nuestras muchas preguntas de cual sería el futuro de nuestra hija. El equipo nos miró con compasión en sus ojos, y su única sugerencia fue que la inscribiéramos en un programa de intervención temprana. Partimos sin ninguna información por escrito acerca del autismo y sin ninguna otra sugerencia, solamente un trozo de papel con el número telefónico del programa de intervención temprana de nuestro condado.

El camino a casa fue en total silencio. Me sentí como si nuestra pequeña hija se estuviera muriendo, y que todas las esperanzas y sueños que un padre tiene por su hijo habían desaparecido. No estaba segura con lo que me estaba enfrentando, pero dada la mirada del especialista en sus ojos sabía que no era algo bueno.

El siguiente año fue muy difícil, un sube y baja de emociones, y un desconsuelo de emociones a medida que intentamos asimilar el diagnóstico. Estaba empezando a hacer sus estragos. En reuniones, la familia y amigos se quedaban conmocionados, cuidadosamente cuidando sus palabras al hablarnos. Sentí gente alejarse de nosotros. Ellos no entendían lo que era el autismo, y su único punto de referencia era la película llamada “Rain Man” protagonizada por Dustin Hoffman y Tom Cruise. Ellos no sabían que hacer por nosotros, así que se esfumaron de nuestras vidas. Nos sentíamos solos.

Hice un gran esfuerzo en proteger al hermano mayor de Betsy, Michael, lo más que pude. El pasaba horas fuera de casa con sus abuelos. El amaba toda la atención individual.

Los problemas del comportamiento de Betsy empezaron a escalar. Ella se despertaba en medio de la noche y se dormía de nuevo hasta la noche siguiente. Sus erupciones debido a los pañales parecían incurables, y a pesar de que la habíamos llevado con su pediatra y dos dermatólogos, ninguno de ellos diagnosticó la infección por levadura que las estaba causando. Estas fueron eliminadas posteriormente con Nistanina. Ella empezó a morder, jalarse el cabello, golpearse, arañarse, y golpear su cabeza. Me daría cuenta después que esto se debía a su frustración debido a su incapacidad de hablar.

Un intensivo programa diario de terapia de lenguaje, terapia del desarrollo, terapia de conducta, e intervención temprana estaban probando en ser de utilidad. Además, continuamos nuestra búsqueda por respuestas a nuestras muchas preguntas. Buscamos por todo el país visitando a prestigiados especialistas. Sus respuestas siempre fueron las mismas: “Su hija tiene autismo y no existe cura”.

Mientras tanto, mi búsqueda empezó a tener recompensas. Un nombre seguía constantemente apareciendo: Dr. Bernard Rimland de San Diego, California. El era el fundador de la Sociedad Americana del Autismo, padre de un niño autista, un Ph.D. en psicología experimental, y autor de publicaciones relacionadas al autismo, fundador y director del Instituto de Investigación del Autismo, fundado en 1967, y editor y publicador de la revistaAutism Research Review International.

Fuimos afortunados que mi esposo tuviera una conferencia de negocios en La Jolla, a solamente 30 minutos de distancia de la dirección que tenía el Dr. Rimland. Así que preparamos maletas e hicimos el viaje a través del país, siguiendo buscando respuestas a nuestras innumerables preguntas.

Cuando llegamos, puse a Betsy en un carro rentado y manejé hacia la dirección del Dr. Rimland, sin saber que era lo que iba a encontrar, pero determinada a hacer contacto con el Dr. Rimland y ganar algo de dirección.

La dirección probó ser una modesta fachada de establecimiento. Entramos y encontramos a una modesta secretaria y cajas de papel por donde quiera. Pregunté si el Dr. Rimland estaba disponible y si podía platicar con él. Me sorprendí y entusiasmé en encontrarle ahí y dispuesto a platicar conmigo. Un señor mayor con ligera barba gris emergió del cuarto trasero. Mi hija lo reconoció como “Santa Claus” y de alguna manera lo era.

Un hombre humilde lleno de compasión y años de experiencia, habló conmigo por 30 minutos, y por primera vez sentí esperanza y optimismo.

Aprendí en esos 30 minutos mas de lo que había aprendido en los seis meses anteriores. Revisé los incontables artículos de investigación que el me dio acerca de la efectividad de la vitaminas, DMG, y otras terapias que otros padres e investigadores habían encontrado ser de utilidad en niños autistas. El me dijo acerca del Dr. Stephen Edelson de Oregon el cual estaba buscando niños autistas para participar en un estudio para ver si el entrenamiento en integración auditiva (AIT) era de ayuda para estos niños.

Regresamos a casa con un nuevo sentido de determinación y gran cantidad de conocimientos. Los siguientes cuatro años los hemos pasado probando con la B6 y magnesio, DMG, AIT, terapia musical, y baile. Cada año, Betsy hace progresos sólidos; sus comportamientos están bajo control, y ella está durmiendo mas durante la noche. Nos convertimos en una familia de nuevo, disfrutando cosas que las familias hacen: ir a restaurantes y al cine, ser invitados a los hogares de nuevos de amigos. A medida que Betsy mejoró, las personas parecieron aceptarla mejor. Ella tenía mejores habilidades de lenguaje pero seguía careciendo de habilidades para conversar y socializar.

Siempre quisimos tres hijos, y pensamos que tener otro hermanito sería de beneficio para Michael y Betsy.

Octubre 17, 1994: ¡es un niño! Jerald Anthony. Estábamos entusiasmados. El parecía perfecto. Todos estábamos excitados. Michael deseaba tener un pequeño hermanito. Y Betsy amaba jugar a ser la mamá de su pequeño hermanito. Cuidadosamente observé cada expectativa de su desarrollo, y me sentí aliviada a medida que cada una se lograba.

En el segundo año de Jerry, la vida daría un giro oscuro. Mi padre, el cual había sido de mucho apoyo para nuestra familia, fue diagnosticado con cáncer terminal. Pasamos ese año visitando a mi padre lo mas que pudimos. Después de la muerte de mi padre, llevé a Jerry con el pediatra para que tomara sus vacunas retrasadas. Ese día él recibió cinco inmunizaciones. Existe un candente debate acerca de las inmunizaciones y la posibilidad de que estén relacionadas con el autismo. Mi opinión personal es que existe conexión que involucra al sistema inmune. Lo voy a dejar en las manos de los científicos investigadores. Lo que sí sé es que en menos de dos meses Jerry se había ido, también. Todo su contacto visual y lenguaje se desvanecieron. No necesitaba a un especialista para que me dijera lo que era. Ya lo sabía.

No podíamos creer que esto pudiera pasarnos de nuevo. Después de todo, la primera había sido una chiripa, así lo pensamos. Cada cosa que leímos nos decía que el autismo usualmente afecta al primer varón y Michael estaba bien. Y que afecta más a los niños que a las niñas. ¿Así que cómo era esto posible? No perdimos mucho tiempo consiguiendo un diagnóstico. No puedo decir que los especialistas médicos han avanzado mucho desde la última vez que los visitamos ocho años atrás. Pero ellos tenían mas información en la segunda vez. Y ahora parecen interesarse en nosotros debido a que tenemos dos niños autistas. Ellos quieren que participemos en estudios genéticos. Ellos realizaron los estudios pero no encontraron nada.

El año era 1996, y el autismo estaba en las noticias de primera plana. Parecía alcanzar proporciones de epidemia. Había tantos libros, nuevos tratamientos, nueva investigación, avances, e historias de recuperación.

Después de nuestra conmoción inicial del segundo diagnóstico, no tuvimos opción para seguir adelante. Había hecho esto anteriormente así que no parecía tan difícil la segunda ocasión. Hice buenos contactos y me mantuve al día en los últimos desarrollos en relación al autismo. Nos sumimos en la desesperación de iniciar de nuevo un programa intensivo para Jerry. Un estricto programa de 40 horas a la semana de ABA regresó su lenguaje y contacto visual rápidamente. Inscribirlo a un programa de intervención temprana fue útil para sus habilidades sociales. AIT ayudó al desarrollo del lenguaje y concentración. Mi experiencia con AIT ha sido positiva; sin embargo, siento que los efectos desaparecen en algún momento de un año a un año y medio después de la terapia. Y así que mi hijo ha sido sometido a esta terapia en varias ocasiones con buenos resultados. Las vitaminas y una dieta modificada también fueron útiles. Jerry tiene muchos problemas sensoriales, y un buen programa diario de integración sensorial era necesario.

Tuvimos muchas opciones de tratamiento, y hemos probado muchos de estos – algunos han causado leves mejorías, otros han causado mejorías más significativas. Probamos con las inyecciones de secretina con buenos resultados. Sin embargo, creo que los resultados fueron de poca duración y el tratamiento es bastante caro. Cuando la secretina dejó de estar disponible en los Estados Unidos, buscamos en Japón donde estaban manufacturando un producto similar (Secrepan) a un tercio del costo de la secretina. Le doy a mi hijo dosis diarias de Secrepan en su agua matinal. Encontré que este era el enfoque más benéfico porque la secretina es una hormona que se encuentra en pequeñas cantidades, y pequeñas cantidades diarias parecen mantener justamente el nivel adecuado para su cuerpo. Sus patrones de sueño y hábitos alimenticios mejoraron con la secretina. Estoy ansiosa esperando que la FDA apruebe la secretina para el autismo en los Estados Unidos.

Estaría siendo desconsiderada si no menciono al sistema escolar. Algunos programas son buenos y algunos son malos. Conozca sus derechos y sea (o consiga) un abogado. Usted es la única voz de su hijo. Usted conoce a su hijo mejor que nadie. Pelee por el programa y educación que sea correcto para su hijo.

A medida que escribo esta historia, Betsy y Jerry continúan su travesía de recuperación. Han requerido un gran esfuerzo y algo más para estar donde están hasta hoy. Es un viaje emocionante, financiera y físicamente exhaustivo. Pero las recompensas no tienen valor. Hay mucho que no he dicho. Existen todavía muchas de mis preguntas sin una respuesta. Todavía no sabemos que es lo que causa el autismo o el verdadero tratamiento para curarlo. Pero muchas organizaciones se han unido a nuestra lucha por encontrar respuestas, incluyendo el programa Vencer al Autismo Ahora! (DAN!), Curar al Autismo Ahora (CAN), y otros. Millones de dólares son invertidos en investigación. Con la incitación de los padres, doctores y especialistas se están educando a sí mismos acerca de nuevas y no tradicionales maneras de tratar al autismo. El Internet tiene miles de sitios con información acerca del autismo. Hemos recorrido un largo camino desde la teoría del “refrigerador madre”.

Si usted se está embarcando en la travesía a través del mundo del autismo, esto es lo que he aprendido de mi experiencia: se me ha enseñado que usted debe tener paciencia y perseverancia, nunca es rinda, pelee por lo que cree, intente obtener la mayor ayuda que pueda, crea solamente la mitad de lo que lee, manténgase activa en la comunidad lo más que pueda (o al menos haga una buena conexión con algún grupo de apoyo – muchos de estos padres han luchado la pelea y ganado la batalla), e intente alimentarse así mismo cuando sea posible. Usted es el mejor abogado para su hijo.

Así que cuídese a sí mismo.

A los padres que pasaron primero y abrieron nuevos caminos, no puedo dejar de estar siempre agradecida. Su coraje y determinación fueron una inspiración para mí. Lo mismo aplica para mi esposo, mi madre, y mi padre, el cual nunca siempre supo que hacer pero con solo estar con nosotros hizo la gran diferencia. A mi hijo Michael, el cual ha soportado mas de lo que un niño debe, estamos orgullosos de sus muchos logros y su compasión y ayuda con sus hermanos; ellos han sido bendecidos en tener a un hermano tan amoroso. A nuestra familia y amigos, su comprensión es grandemente agradecida. Al equipo de apoyo terapéutico que ha ayudado a nuestro hijo, no lo hubiéramos logrado sin ustedes. A los incontables científicos e investigadores quienes están buscando un mejor mañana para nuestros niños, gracias por sus incansables esfuerzos. Al Dr. Stephen Edelson, gracias por ser más que un apoyo; su amistad ha hecho un mundo de diferencia en nuestro hijo y familia. Y por último, pero ciertamente no el menor de los agradecimientos, nuestra gratitud al Dr. Bernard Rimland, por su dedicación por más de 40 años en el campo del autismo y por darle a las madres y familias el coraje y conocimiento para seguir adelante.

Me siento bendecida de haber tenido tantas maravillosas personas que tocado nuestras vidas. No me puedo sentir como si lo he tenido todo, y no puedo tener los mismo sueños que tenía cuando me casé, pero Jerry y Betsy continúan mejorando, y tenemos nuevos sueños, y la vida es buena.

Actualización (Febrero del 2003):

 A mis hijos le está yendo bien. No hemos experimentado ningún milagro o cura, pero Betsy y Jerry continúan progresando con pasos firmes y positivos.