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Capítulo 16

Mi Hijo, el Rey de los Metales

Por Amy. S. Holmes, M.D.

Médico Amy Holmes y su esposo, Charlie, son los padres de Mike, nacido en 1994, cuyo autismo llevó a Amy a convertirse en doctor DAN! y a enfocar sus esfuerzos en la investigación del papel del mercurio en causar síntomas autistas. La familia vive en Louisiana. Esta historia fue escrita en Octubre del 2002.

Antes fui un médico “muy tradicionalista”. Hice todo de acuerdo a lo indicado en los libros. Se me enseñó que, “si no es un fármaco, no funciona”, y “los padres saben absolutamente nada”. Y realmente creí esto.

Después de 15 años de tratamientos de fertilidad, tuve a mi primer y único hijo, Mike. El fue normal y bastante saludable al nacer. A los seis meses él era un bebe muy feliz. El también tenía muy buenas, si no es que excepcionales, habilidades sociales para un infante. Para la edad de un año, él tenía de 20 a 25 palabras en su vocabulario, y su desarrollo era normal en todos los sentidos.

Pero alrededor de los 14 a 15 meses de edad, el empezó a “ausentarse”. Lo anterior fue más notorio debido a la desaparición de su contacto visual. Recordando el pasado, veo sus fotos claramente mostrando su retroceso. El cambió de un amoroso, social niño a un desencantado, desastre sin respuesta. El empezó a tratar a mi esposo Charlie como un mueble, y el podía pasar horas sosteniendo dos hojas y con la vista perdida las hojas. Charlie y yo sabíamos que algo le había pasado a él dentro en tal período tan corto de tiempo, pero no teníamos idea alguna de lo que podía ser. Iniciamos nuestra aventura para encontrar una respuesta; y cuando eventualmente descubrimos las respuestas, nos quedamos impactados.

Llevamos a Mike con su pediatra el cual simplemente nos dijo, “Los niños tardan mas en hablar”. Nosotros sabíamos mas que él. El no tuvo una explicación del porqué Mike había empezado a hablar y luego porqué dejó de hacerlo. Finalmente visitamos a un pediatra neurólogo de nuestra área, y Mike fue diagnosticado con autismo “severo” – no solamente autismo, sino un caso de extremo de autismo. El neurólogo pediatra sugirió que probáramos diferentes tratamientos, tal como la terapia de lenguaje, ABA, y fármacos “alteradores de la mente”; pero ella también dijo que estos tratamientos no serían de mucha ayuda para él. Como usted se puede imaginar, esto fue increíblemente difícil para mí como para Charlie de asimilar: primero, decirnos que nuestro hijo tenía un caso severo de autismo y segundo, decirnos que muy poco se podía hacer para ayudarlo. (Desafortunadamente, ahora entiendo que nuestra situación no era la única – muchas familias están en la misma situación hoy en día).

Seguimos el consejo no tan alentador del neurólogo e inclusive intentamos tratamientos adicionales, tales como terapia de juego, Tiempo de Piso (Floor Time), entrenamiento integral auditivo, terapia ocupacional, y algunos tratamientos de nutrientes/biomédicos tales como IVIg, dieta GFCF, vitamina B6 con magnesio, y dimetiglicina (DMG). Observamos algunas mejoras de estas intervenciones, pero Mike seguía siendo autista. Estábamos desesperados – Mike tenía tres años y medio (Marzo de 1999), y nunca había hablado.

Escuché acerca de un médico sensacional en Baton Rouge, Louisiana, la Dra. Stephanie Cave. Llevé a Mike para que lo consultara, y ella realizó varios tipos de pruebas DAN!, incluyendo pruebas de intoxicación de metales en su cabello. Sorprendentemente, Mike no tenía niveles altos de mercurio en su cabello. Mi esposo y yo empezamos a sospechar que Mike sufría de intoxicación de plomo. Es importante notar que su mercurio estaba en un nivel no detectable; explicaré esto en detalle más adelante.

Entonces empezamos el tratamiento normal para remover el plomo del cuerpo de Mike. Esto involucró darle DMSA (Chemet) durante dos semanas y media. En este período corto de tiempo, empezamos a notar una mejoría en su lenguaje receptivo y atención. El también estaba menos “perdido”. Sentimos que estábamos en el camino correcto, pero no estábamos seguros en donde el camino eventualmente iba a terminar.

Durante los siguientes cuatro meses, no observamos ninguna mejoría adicional en Mike; y obviamente, queríamos mucha más. Repetimos el tratamiento de dos semanas y media de DMSA, y permitimos que su cabello creciera. Su nivel de plomo era mucho más bajo en esta ocasión, pero seguía siendo un nivel no aceptable. De manera intrigante, su nivel de mercurio era extremadamente alto; pero en ese momento de nuestras vidas, nos estábamos enfocando en el mercurio.

A pesar de que Mike se estaba poniendo mejor, él seguía siendo bastante autista. Sabía que algo se me estaba escapando, pero no sabía que era. Entonces revisé los resultados de laboratorio de Mike, y luego el nivel alto de mercurio mostrado en su última prueba de cabello me puso a pensar. Sabía que el mercurio era una toxina altamente peligrosa para las neuronas, y sabía que muchas vacunas contenían el conservador thimerosal. Decidí sumar todo el mercurio al que Mike se había expuesto debido a sus vacunas, sin considerar otras posible fuentes de mercurio, tales como el pescado. Cuando terminé, descubrí que él había recibido 212.5 mcg de mercurio, lo cual sobrepasa por mucho cualquier estándar gubernamental de exposición al mercurio para los adultos.

En ese momento, no podía, como otros, entender que había pasado con Mike. Debido a que él había sido expuesto a una extremadamente alta cantidad de mercurio, ¿por qué su primer análisis de cabello no indicó niveles altos de mercurio? ¿Por qué posteriores análisis de cabello, realizados después del tratamiento DMSA, indicaron altos niveles de mercurio? No supe la respuesta a estas preguntas por varios años.

Sin embargo, sabía la siguiente acción a realizar -- ¡sacar el mercurio de su cuerpo! Antes de empezar otro ronda de DMSA, hice que un siquiatra del desarrollo lo evaluara. Mike tenía ya cuatro años y medio de edad, no tenía lenguaje expresivo, estaba constantemente auto estimulándose, y raramente inter actuaba socialmente. Su nivel de lenguaje era menor al de un niño de dos años, y él estaba también rezagado en habilidad cognitivas y motoras finas. Su única habilidad acorde a su edad eran las habilidades motoras gruesas. Adicionalmente, su coeficiente del desarrollo (DQ por sus siglas en inglés) era 58, lo que indicaba un moderado retraso mental.

Con la ayuda y apoyo de la Dra. Cave, seguí el Protocolo DAN!. Limpiamos los intestinos de Mike porque estaba invadido de levadura yClostridium(bacteria). También le dimos numerosos suplementos de nutrientes. Luego realizamos una prueba provocada de DMSA, y el mercurio fluyó fuera de él. Una prueba de excremento indicó que también estaba excretando enormes cantidades de mercurio, así como otros metales pesados. Nuestro pequeño niño, descubrimos, era el “el rey de los metales”. Decidimos ponerlo en un programa agresivo de quelación.

En un período corto de tiempo, las habilidades cognitivas y sociales de Mike empezaron a mejorar a pasos agigantados, y su comportamiento de auto estímulo disminuyó a prácticamente a nada – pero todavía existía.

Cuanto Mike tenía cinco años y siete meses de edad, lo llevé a que lo evaluara de nuevo el mismo sicólogo del desarrollo. En solamente 13 meses, él había recuperado 20 meses en lenguaje y 21 meses en cognición. Su DQ era ahora de 80, una ganancia de 22 puntos. Mike no solamente empezaba a desarrollarse, él estaba lentamente emparejándose al desarrollo acorde a su edad. Como usted se puede imaginar, mi esposo y yo estábamos entusiasmados mas allá de nuestra credulidad.

En Julio del 2001, a la edad de seis años y ocho meses, Mike no calificó mas en el diagnóstico de desorden del espectro autista (ASD). Su lenguaje receptivo, cognición, y habilidades motoras finas y gruesas eran acordes a su edad. Hooray! Hooray! Hooray!, él continúa estando retrasado dos años en su expresión oral, y raras ocasiones se sigue “auto estimulando”.

Mike tiene ahora desordenseverode déficit de atención. El no tiene problemas en poner atención cuando le interesa algo, pero cosas no interesantes pueden mantener su atención. El lee de acuerdo a su nivel escolar, y aunque no lo crea, es un genio matemático. El participa en conversaciones limitadas, juega con otros niños en ocasiones, y le gusta pasearse en bicicleta y patineta. El tiene bastante problemas para poner atención en su salón de clases, y un maestro le ofrece asistencia adicional con lectura y lenguaje. Es muy difícil para él concentrarse y mantenerse en una actividad a la vez.

Inicialmente, la Dra. Cave y yo creímos que Mike era el único con un nivel de mercurio tan alto. Pero alrededor del mismo tiempo, Sallie Bernard, Lyn Redwood, y otros empezaron a discutir, de manera convincente, que el mercurio sea muy probablemente el factor que más contribuye al autismo. En ese momento, la Dra. Crave y yo nos dimos cuenta que Mike era solamente uno más de muchos, muchos, muchos niños.

Desde Febrero del 2000, he estado trabajando con la Dra Cave. Nuestro enfoque principal es tratar aquellos individuos con ASD que tienen evidencia de laboratorio de niveles altos de mercurio. Básicamente seguimos el Protocolo DAN!. Primero trabajamos en limpiar los intestinos y decidir cuales suplementos nutritivos necesitan estos pacientes. Una vez hecho esto, ellos reciben DMSA solamente hasta que el mercurio es expulsado de sus cuerpos; luego ellos reciben DMSA con ácido lipoico para remover el mercurio en sus cerebros.

Estamos también recolectando datos con el fin de aprender lo mas que podamos acerca de la efectividad del Protocolo DAN!. Estamos encontrando que los niños más jóvenes responden más rápido que los niños más adultos. En otras palabras, lo mas pronto que se remueva el mercurio de su cuerpo y cerebro, mejor es su pronóstico de recuperación. Aún mas, aquellos que fueron normales al nacer y posteriormente retrocedieron hacia el autismo les va mejor que aquellos que eran diferentes al nacer.

En el 2002, realicé un estudio que provee revelaciones acerca del problema del mercurio en el autismo. Con la ayuda de los doctores Bernard Rimland y Steve Edelson del Instituto de Investigación del Autismo, fui capaz de obtener el primer corte de cabello de niños normales provenientes de todo el país. Comparé los niveles de mercurio de estas muestras con los niveles de mercurio de niños ASD. Los resultados fueron bastante consistentes, y casi increíbles. El cabello de los niños normales contenía un nivel bajo de mercurio, en comparación al cabello de niños autistas que contenía casi nada de mercurio. De acuerdo con el Dr. Boyd Hale de la Universidad de Kentucky, esto provee clara evidencia de que muchos de los niños autistas no pueden excretar el mercurio fuera de sus cuerpos. Un excelente ejemplo sería mi hijo Mike, cuyo análisis de cabello no indicó presencia de mercurio. Una vez que él empezó a recibir DMSA, el mercurio se hizo presente.

También encontré que era más común en las madres de niños autistas que en las madres de otros niños, tener numerosas amalgamas de mercurio, y que en ellas era más común que recibieron la vacuna RhoGAM, la cual contiene mercurio, durante sus embarazos. (RhoGAM es administrada a mujeres embarazadas con Rh-negativo). Afortunadamente, de acuerdo a la edición del 2002 delPhysician´s Desk Reference, RhoGAM y todas las demás Rho D inmunoglobulinas ya no contienen mercurio.

Mike no es único entre los niños autistas. De hecho, frecuentemente he encontrado mejores resultados con mis otros pacientes que con mi propio hijo. Lo mas joven que el niño empiece el tratamiento, la mejor oportunidad de mejoría o inclusive de recuperarse por completo.