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Capítulo 12

¿Pero qué puede estar Médicamente Mal con Mi Hijo?

Por Julie Duffield

Julie Duffield y su esposo, Joe, son “profesionales” en combatir el autismo, el cual afecta a su hijo Michael, (nacido en 1988) y su hija, Jessica (nacida en el 2000). La familia Duffield recientemente se mudó de Utah a Carpentersville, Illinois. Esta historia fue escrita en Febrero del 2002.

Antes de empezar, deseo aclarar que no creo que las vacunas sean la única causa del autismo, pero sí un importante contribuidor. Frecuentemente no se le da importancia al hecho de que las vacunas administradas a las madres pueden contribuir a los problemas en sus hijos. Tengo una concentración de rubéola que está por fuera de las gráficas, como resultado de una inmunización MMR. Una causa conocida del autismo es la rubéola en una madre embarazada. Fui requerida en recibir una MMR con el fin de asistir a una misión LDS (Iglesia de Latter Day Saints, o una iglesia Mormona), y nuestra familia continua sufriendo sus consecuencias hasta estos días.

Mi nombre es Julie Duffield. Tengo dos grados académicos de la Universisad Brigham Young uno en Matemáticas y el otro en Química, y tengo dos niños con autismo. Hemos tenido increíbles resultados con nuestros niños utilizando tratamientos biomédicos, y esperamos que se recuperen por completo. En estos momentos, muchos educadores y valuadores psiquiátricos comentan acerca de los avances de nuestros niños para socializar, pero no sentimos que nuestros niños están fuera de la neblina todavía. Esta es una versión corta de nuestra historia.

Permítame empezar con el mayor de mis hijos, Michael. El era el niño más feliz que habíamos visto jamás. El era regordete y siempre sonreía. El estaba aprendiendo a cantar, hablar y bailar. El amaba seguir la música cuando la escuchaba, y estaba convencido que el sería un baterista o alguien relacionado a la música.

Cuando me embaracé de mi segundo hijo, estábamos tan excitados, ya que Michael estaba muy regocijado al respecto. Familiares y amigos nos advirtieron que el siguiente hijo no pudiera ser tan dócil para criarlo como nuestro maravilloso Michael. Frecuentemente las personas se ofrecían – casi rogaban – cuidarnos un poco a Michael. Si no fuera por sus frecuentes infecciones de oído y los antibióticos, él hubiera sido el niño perfecto.

Luego llevamos a Michael a su cita de chequeo de los 18 meses. Le dimos Tylenol antes de ir al consultorio del doctor, por que había tenido fiebre alta después de su inmunización previa. El recibió cuatro vacunas en un solo día. El empezó a gritar, y endureció su cuerpo completo, y se retorció en mis brazos mientras le administraban el resto de las inyecciones. Ellos estaban preparados para darle una quinta vacuna para la varicela, pero me rehusé.

Nunca había visto a mi hijo reaccionar con tanto dolor. Los doctores escudaron sus movimientos similares a los de una convulsión como el resultado del enojo de mi hijo hacia mí por haber permitido las inyecciones. Pensé que esa pudiera ser una posibilidad, así que encogí mis hombros a medida que me retiraba con mi hijo fuera del consultorio.

Michael tubo fiebre después de cuatro horas después de haber recibido las vacunas. Aumentó hasta 104° F (40° C), pero sabíamos que era normal, así que continuamos dándole Tylenol como lo había recomendado el doctor. En el tercer día con fiebre, llamé al consultorio del doctor. La enfermera dijo que si Michael continuaba con fiebre en el cuarto día, deberíamos ir a consultar al doctor. Fuimos al cuarto día, y se nos dijo que era muy probable que se tratara de una infección viral; que no había nada que hacer. Si empeoraba, deberíamos regresar. “Peor que 104° F?” se convirtió en mi cuestionamiento durante los siguientes tres meses de fiebres. Centro de cuidados intensivos, pediatras nocturnos, e inclusive cuartos de emergencias no fueron de ayuda alguna, tampoco. La más alta fue 105.7° (41° C) medida bajo su brazo; el Tylenol la disminuía a 101° o 102° F temporalmente. El promedio se mantuvo en 104° F, Se nos dijo que las vacunas no habían tenido nada que ver con su estado enfermo, dado que el panfleto farmacológico indicaba que la fiebre duraría de uno a tres días. Tenía que ser otra cosa distinta.

Durante este período de tres meses, Michael perdió sus habilidades sociales. Su lenguaje fue reemplazado por gruñidos de enojo. El no entendía lo que le decíamos. El estaba asustado con la mayoría de los sonidos, y le dejó de gustar la música. El estaba inconsolable durante los juegos pirotécnicos del 4 de Julio. El lloraba todo el tiempo. Era absolutamente el infierno observar su regresión, la cual habíamos asociado con su estado enfermizo. Una infección del oído se presentó al final de este período de tres meses, y la tratamos con antibióticos, la cual finalmente detuvo su fiebre.

La miseria que experimentamos mientras Michael estuvo enfermo no se comparó con los horrores que empezaron después de que finalmente la fiebre desapareció. El empezó a deteriorarse a un niño con semblante inmóvil. El perdió peso y usó la misma talla de ropa durante un año y medio. Criar niños no se supone que permanezcan en la misma talla, así que nos empezamos a preocupar. Michael no dormía. El se dormía alrededor de las 6 A.M. y se despertaba dos horas después. Fármacos para el sueño parecían solamente hacerlo más salvaje. Me enfermé debido a mi embarazo y necesitaba despertarme a las 6 A.M. para atender mi responsabilidad de maestra de ciencias. Mi esposo frecuentemente tenía que trabajar hasta tarde, así que yo estaba con Michael hasta alrededor de la una o dos de la mañana, mientras que Joe se quedaba con él resto de la noche. Nuestro hogar era una constante pesadilla. Mi esposo y yo estábamos incapacitados de pensar que estaba sucediendo. Nunca nos veíamos, ya que él necesitaba dormir en los momentos en los que ambos estábamos en casa al mismo tiempo, para recuperar el sueño que había perdido mientras se encargaba de Michael.

El más perturbador comportamiento que Michael mostró fue su deseo de golpear su cabeza en contra de la pared. El se “perdía” y reía tan fuerte como si estuviera borracho. El frecuentemente se pondría en el suelo en sus manos y pies y golpeaba su cabeza en el suelo. Otra cosa que me molestaba era que el se empujaba los ojos hacia atrás dentro sus cavidades oculares. Lo teníamos que restringir de sus movimientos frecuentemente para evitarle daños serios.

Cuando regresamos al lugar donde le administraron las vacunas, el médico general me trató como si fuera una madre sobre preocupada. El pensó que Michael estaba pasando a través de una etapa, de auto lastimarse para llamar la atención. El me ofreció antidepresivos. No pensé que “endrogarme” iba a solucionar el problema, así que nunca regresamos con ese doctor. Nos llevó cinco meses encontrar un nuevo doctor que pudiera trabajar con mi seguro médico de educación pública. Estábamos en varias listas de espera para obtener una asesoría del desarrollo.

Durante este tiempo, tuvimos que soportar todos los ojos observadores, con los vecinos y familiares pensando que éramos los peores padres del mundo. Todos nos aconsejaban: “Si le cantaras más” … “Si solamente le leyeras libros a él!” … “Si le prohibes la TV” … “Si solamente te quedaras en casa en lugar de trabajar” … “Si solamente le regularizaras su tiempo de sueño” … “Quizás necesites hacerle pruebas del oído” (aún cuando sabíamos que el podía escuchar una ambulancia mucho antes que nosotros). Nadie realmente entendió, y no lo podíamos explicar, tampoco. No era muy divertido visitar a otros, y muy pocas personas nos visitaban.

Michael fue diagnosticado con autismo dos semanas antes de que Jessica naciera. Se nos dijeron cosas tales como “Usted tendrá que ingresarlo a un internado cuando sea lo suficientemente fuerte para lastimarla” … “La terapia es la única opción” … “Ritalin y otros fármacos psiquiátricos son la única manera de mejorar su vida en el hogar” … “El autismo no es tratable, es de por vida”.

Fuimos naturalmente inscritos en el departamento de salud mental, con ninguna recomendación de realizar ningún estudio médico. Nos dijeron que teníamos que esperar seis meses antes de que Michael pudiera asistir a una escuela para autistas. Esto era su única esperanza para mejorar.

Las infecciones del oído y otras enfermedades continuaron, y Michael frecuentemente necesitaba antibióticos más potentes. Nos preocupamos de que las opciones de tratamientos con antibióticos se agotaran. El pareció desarrollar resistencia a ellos rápidamente.

Nuestros amigos empezaron a traernos literatura en tratamientos biomédicos para el autismo. Pusimos a Michael en la dieta GFCF. Después de tres días de haber empezado él empezó a hacer contacto visual, y él empezó a dormir la noche completa. Estábamos bastante motivados y empezamos a investigar por información acerca de factores biológicos involucrados en el autismo. También empezamos a preocuparnos acerca del débil sistema inmune de Michael y de posible deficiencia IgA, así que buscamos maneras para ayudarle a su sistema inmune.

Fue en este momento que ingresamos al club Mother´s Milk de Utah. Ellos organizaron una dotación de leche materna para dársela a los niños con sistemas inmunes débiles. El hospital universitario proporcionaron el total de las donaciones. Usted debe entender que la leche materna tenía la intención de ayudar la función inmune des-balanceada, no al autismo. A medida que le dimos leche materna a Michael proveniente de mí, amigos, y la dotación del hospital, no solamente sus infecciones de oído se detuvieron, sino que también su autismo empezó a desaparecer.

Michael empezó a abrazarme. El se convirtió bastante social y llamar la atención de otras personas. El empezó a balbucear más. El parecía salir de su pequeño mundo. Estábamos muy complacidos. Encontramos que no éramos los únicos con un niño autista que se estaba beneficiando de la leche materna; un creciente grupo de padres del Club de Mother´s Milk estaban reportando historias de mejoría. Encontré fascinante que niños con autismo frecuentemente tienen sistemas inmunes alterados.

Desde entonces, Michael ha sido diagnosticado con un bajo nivel de IgA, intoxicación de metales pesados (mercurio, aluminio, plomo, arsénico y antimonio – un perfil similar al de un paciente Alzheimer), sus propios anticuerpos atacando sus propias proteínas cerebrales (proteína mielina básica y proteínas neural axon filament), anormal EEG, síndrome de intestinos irritados, desordenes epilépticos, elevada concentración de sarampión, deficiencias de nutrientes, incapacidad para digerir apropiadamente los alimentos, y deficiencias de magnesio y zinc, entre otros diagnósticos.

La leche materna pareció mantener los síntomas de Michael en control. La gente nos decía con entusiasmo que el ya no se comportaba tan difícil como si fuera autista. Usted podía decir si tenía los síntomas si trabajase con el directamente, pero su habilidad de juego y su estado anímico parecían del todo normales.

Entonces dejamos de recibir las donaciones de leche materna del hospital universitario. La encargada de las enfermeras no quiso utilizar la capacidad de almacenamiento de sus refrigeradores para el programa, y ella no quería ser molestada con el inconveniente. Las otras enfermeras intentaron de todos modos recolectar la leche para nosotros, pero bastante pronto las presiones de sus superiores y sus inconvenientes detuvieron las donaciones por completo.

Mantuvimos la leche materna por un tiempo mediante la extracción de mi leche utilizando una bomba y las donaciones de amigos, pero algunas semanas podíamos tener bastante leche, y en otras se nos acababa. La peor parte fue observar a Michael regresar a sus viejos comportamientos cuando no teníamos la suficiente cantidad de leche materna.

Esto sucedió cuando descubrimos el factor de transferencia (TF). Una mujer la cual estaba usando esto para mantener su diabetes bajo control me llamó para platicarme al respecto. Empezamos a utilizar el TF en las ocasiones que no teníamos leche materna. Podíamos utilizar hasta nueve cápsulas al día. Hasta dónde podemos decir, el TF tenía el mismo efecto que la leche materna. Nos aseguramos de darle también suplementos de vitamina A, taurine, y aceites de pescados con el fin de asegurar que Michael estaba recibiendo los nutrientes que recibía de la leche materna.

Desde entonces hemos utilizado la secretina, quelación de metales pesados, magnesio líquido, zinc, calcio, molibdeno, selenio, y otros suplementos. Hemos intentado hacer nuestro mejor esfuerzo para mantenernos al día en las deficiencias nutricionales encontradas en el autismo, y de tal forma poder encontrar otros tratamientos útiles para nuestro hijo. También estamos pagando más de lo que podemos en terapia ABA, la cual tiene un buen efecto cuando le damos los suplementos correctos. Nuestro hijo está progresando rápidamente. El tiene ahora tres años y medio y está bien encaminado hacia su recuperación. Su lenguaje sigue retrasado, pero el está imitando actualmente sonidos y empieza a entender ordenes sencillas. El mejora en cada ocasión que lo quelamos de los metales pesados. Realmente pensamos que el TF realmente lo mantiene durante los procesos de quelación.

En relación a mi hija, Jessica, su historia es completamente diferente. Ella reaccionó a su primer vacuna contra la hepatitis B cuando estaba recién nacida. Ella desarrolló lesiones en su boca y recto; se nos indicó que las lesiones pudieron haberse extendido completamente a través del tracto digestivo. Después de la inyección, decidimos que nunca más iba a recibir otra vacuna. Supuestamente, las reacciones serias solamente suceden una vez entre un millón de casos, pero nosotros hemos visto a nuestros dos hijos tener tales reacciones. Bastante interesante,ningún doctor reportó las reacciones adversas de las vacunas sucedidas en nuestros hijos [enfatizado por el editor]. Sí las reacciones adversas no son reportadas, cómo podemos saber las verdaderas estadísticas de reacciones secundarias debido a las vacunas?

Aquí fue cuando empezamos a estudiar acerca de las inmunizaciones y aprendimos que estas contienen mercurio, aluminio, formaldheido, DNA externo, y otras toxinas, las cuales incluyen mutaciones de virus o bacterias que constituyen la vacuna. Todos estos componentes son capaces de cambiar la genética de los humanos. El mercurio y el aluminio tienen efectos devastadores. El mercurio se acumula en los órganos – hígado, riñón y cerebro – e interfiere en todos los sistemas del cuerpo. Una de las más notorias señales de intoxicación de mercurio (ya que no puede ser detectada en la orina, sangre, o análisis de pelo a menos que la exposición haya sido reciente) es que el individuo parece perder la capacidad de desintoxicar los metales pesados y los virus; las toxinas se acumulan después de exposiciones menores que las que otros reciben, interfiriendo con la habilidad del cuerpo de procesar los minerales necesarios apropiadamente.

Investigaciones reportadas recientemente en Congresos comparan los síntomas de la intoxicación del mercurio a los síntomas del autismo, y estos concuerdan perfectamente. A pesar de que grupos mayoritarios gubernamentales mantienen que no existe prueba de que el mercurio es un problema para los bebes, están requiriendo a las compañías farmacéuticas que las retiren de las vacunas. El gobierno se abstuvo de recolectar las vacunas, a pesar de todo lo anterior, de tal forma que los fabricantes no tuvieran que absorber alguna carga financiera.

La investigación que leímos levantó muchas preguntas: ¿Por qué algunos niños reaccionan tan mal al mercurio, por qué otros no lo hacen?     ¿Algunas vacunas contienen mas mercurio que otras? ¿Cuándo una enfermera prepara la vacuna, y la utiliza en tres niños, el niño que recibe la última dosis (donde la mayoría del contenido de la vacuna se acumula) obtiene una mayor concentración de virutoxinas con el mercurio? ¿Es simplemente una cuestión alérgica? ¿Depende de cuántas vacunas al día recibe el niño? ¿Depende de la exposición previa del niño a toxinas?

Estabamos agradecidos de obtener información acerca de los efectos del mercurio y otras toxinas de tal forma poder ayudar mas a Jessica. Decidimos evitar exponerla a los metales pesados. Empezamos a tomar agua filtrada por osmosis inversa. Evitamos el fluoruro, el cual se sabe que acarrea al plomo a través de la barrera de la sangre cerebral. Además, evitamos la leche, en caso de que ella tuviera sensibilidad como Michael la tuvo.

Entonces nos detuvimos y observamos el desarrollo de Jessica, un poco retrasado de acuerdo a lo esperado. Estábamos bastante preocupados por su estado de salud. Ella estaba ligeramente retrasada en sus expectativas del desarrollo pero no lo suficiente para preocuparnos. Ella sonreía y hacía contacto visual, y nos imitaba. En su cita con el doctor en su primer aniversario, ella aplaudió con sus manos, realizó el “grito Indio” y realizó movimientos de canciones de niños. Su lenguaje eran simples balbuceos, pero múltiples consonantes estaban incluidos en estos. Ella se sabía su propio nombre, y ella amaba ser acurrucada.

Entonces, en algún momento entre los 13 y 14 meses de edad, ella empezó a retroceder. Ella ya no podía imitar acciones de canciones. Ella dejó de balbucear completamente. Ella parecía no saber su nombre, y dejó de hacer contacto visual. Ella exhibió algo de actividad de epilepsia, en la forma de dilatación ocular alterada y “perderse”. Algunas veces – sin cambio en la intensidad de luz – sus ojos se dilataban, y luego las pupilas cambiaban a un tamaño pequeño. Ella se movía de manera extraña cuando dormía, tan raro que parecía que tenía pesadillas. Sus brazos se extendían y tenía extraños “tics” nerviosos.

Llevamos a Jessica con su pediatra a los 16 meses, y el doctor no pudo creer lo que observó. Jessica realmente había retrocedido. Su tono muscular se había deteriorado, y su caminar era ahora un tanto tambaleante. Su contacto visual era extraño, y ella evadía mirar hacia mí. Se rehusaba a irse con cualquiera excepto conmigo, debido a que yo era quién la amamantaba.

Jessica recibió el diagnóstico de autismo a la edad de 17 meses. Le empezamos el TF y la quelación, y ella mejoró dramáticamente. Al momento de escribir esto, ella tiene 18 meses de edad. La llevamos de nuevo con el psiquiatra el cual la había diagnosticado inicialmente, y dijo que Jessica era una niña diferente a la que había sido dos semanas atrás. Ella no está “curada” o “recuperada”, pero ella hace contacto visual, sonríe, y está recuperando sus habilidades de imitación. Ella juega con juguetes de nuevo. Lo mejor de todo es que ella es muy pequeña. A los 18 meses, ella ha recuperado lo que había perdido en la regresión, y sabemos que responde bien a los tratamientos biomédicos y a ABA. Ella debe de recuperarse aún más rápido que Michael.

Como resultado de la regresión de Jessica y su dramática mejoría, se realizaron pruebas a nuestra casa, tierra, y aún mi leche materna. Nuestra casa estaba alta en plomo. Nuestra tierra tenía elevados niveles de plomo en ciertas áreas. Mi leche tenía arsénico y ciertos trazos de plomo. Cuando hicimos pruebas al sistema inmune de nuestra familia encontramos que Jessica también tenía auto anticuerpos de ella en su cerebro, y un nivel alto del virus herpes humano concentración 6. Esto explicaba por qué el TF estaba ayudando. Para mí, tengo una increíble concentración alta de rubéola, la cual sugiere un infección atípica de rubéola.

¿Tenemos que preguntarnos, acaso el plomo en nuestra casa influyó en nuestros hijos para tener reacciones a las vacunas, o el mercurio en las vacunas hicieron a nuestros hijos más susceptibles al plomo? ¿Son nuestros niños altamente sensibles al mercurio?, ¿O mi caso de rubéola de las vacunas de adulto MMR me prepararon para debilitar a mis hijos mientras estuvieron en elútero?

Una de las buenas noticias es que la remoción del mercurio puede revertir la presencia de anticuerpos en el cerebro. Mientras tanto, el TF puede regular el sistema inmune, previniendo daño adicional.

Los comportamientos epilépticos llevaron más tiempo en ser desenmarañados. No sabíamos que Michael tenía tales comportamientos hasta que le hicimos un EEG. (Algunos niños con autismo tienen EEG normal, pero la actividad epiléptica aparece en un escaneo magnetoencefalograma, o MEG.) El EEG de Michael mostró que tenía mas actividad epiléptica cuando estaba dormido que cuando estaba despierto. Hemos aprendido a reconocer los períodos con su mirada “perdida” y los extraños movimientos oculares ligados a la actividad epiléptica. Algunas veces notamos tal actividad cuando vemos que sus pupilas se dilatan completamente, y luego regresan a su tamaño normal – sin haber ocurrido cambio alguno en la cantidad de luz. Una ocasión, habíamos visto mucha actividad epiléptica seria, cuando él empuñaba sus manos y las agitaba. Previamente habíamos creído que eran berrinches, ya que eran acompañadas usualmente de situaciones estresantes. No sabíamos mucho acerca de la actividad epiléptica. Empezamos a notar de siete a diez eventos de actividad al día, una vez que supimos en lo que teníamos que fijarnos. Frecuentemente me pregunto si la actividad epiléptica es más prominente en el autismo de lo que pensábamos.

Hemos sido capaces de mantener la actividad epiléptica bajo control con magnesio líquido, vitamina B6 activada, taurine, y pycnogenol (proveniente de corteza de arbustos marítimos). Cuando podemos agregar a escondidas todos estos suplementos en el vaso entrenador de Michael, el no muestra más actividad epiléptica visible. Si no le proporcionamos inclusive alguno de estos, observamos de tres a cuatro eventos epilépticos al día. En relación al pycnogenol, el producto de mayor pureza que hemos podido encontrar es el Choice Prime fabricado por 4Life. No estamos seguros si el pycnogenol proveniente de la semilla de uva tiene el mismo efecto. Quizás lo tenga.

Estamos tan complacidos de que fuimos capaces de encontrar un método para controlar la actividad epiléptica que trabajase sin hacer daño alguno al hígado o interferir con otras funciones del cuerpo. No podíamos utilizar fármacos epilépticos normales, ya que el hígado de nuestro hijo estaba ya en muy mal estado.

Una lección que hemos aprendido es que los tratamientos benefician a niños diferentes de maneras diferentes, y beneficiarán a algunos niños más rápido que otros. Por ejemplo, niños que tienen infección crónica con un virus escondido muy probablemente se enfermarán cuando tomen TF antes de mejorar su estado de salud. Esto no significa que están reaccionando al TF, más sin embargo significa que el TF está funcionando para bien. Si el virus en el niño burla el sistema inmune del niño haciéndolo creer que no es una amenaza, el TF repentinamente alertará al cuerpo de la presencia extraña del virus. Este es el porqué el niño puede enfermarse por días, o aún semanas, antes de mejorar. Recuerde, enfermarse después de empezar TF es un buen indicador de que el TF está funcionando. En algunos casos, el TF no alivia los síntomas autistas pero puede aún beneficiar al niño ayudando a mantener su salud mientras está llevando otras terapias.

La mayor limpieza que se tenga que realizar en el organismo, el mayor tiempo que llevará observar resultados positivos de los suplementos. Algunas personas pueden notar un efecto en unos cuantos días, pero no necesariamente se debe de rendir si tienen que pasar meses para que esto ocurra en su niño. Como en todos los casos, confíe en su corazonada para decidir si debe aumentar o disminuir la cantidad de suplementos que se están administrando. Los padres son más receptivos en reconocer si un suplemento está ayudando o no en su hijo.

Hay tanto daño interno para reparar y por hacer en el autismo que es necesario continuar buscando por soluciones para su hijo. Aun nuestros dos hijos no son parecidos en sus tratamientos y respuesta a los mismos. Los tratamientos que son perfectamente seguros, tales como los ácidos esenciales grasos, TF, o dosis estándar de nutrientes, son fácil de iniciar, a diferencia de la quelación y altas dosis de vitaminas las cuales se deben de estudiar y utilizar bajo la dirección de un médico el cual esté capacitado en tratamientos biológicos para el autismo. De nuevo, usted es la única persona la cual tendrá la visión para determinar si un tratamiento está ayudando a su hijo.

Sospecho que la mayoría de las familias no recibirán todos los diagnósticos médicos que mi hijo ha recibido, pero espero que los aspectos biológicos del autismo se convertirán de conocimiento general para las familias y los médicos. Debo añadir que los tratamientos que he mencionado no son las únicas opciones para estos niños. Cada niño debe ser evaluado como un individuo particular. Sin embargo, espero que nuestro particular caso familiar, y los logros que hemos obtenido no solo en una sino en dos batallas contra el autismo, ayudarán a traer esperanza a otros que enfrentan este reto.

Actualización (Marzo 2003):

Es Marzo del 2003. Jessica cumplirá tres años en este mes, y Michael tiene cinco. Nos hemos mudado a Carpentesville, Illinois, y tenemos la intención de encontrar a un doctor DAN! por acá pronto.

Mientras tanto, hemos obtenido ayuda del Dr. Jeepson, un doctor DAN! en Utah. El nos ha ayudado a continuar los suplementos, la dieta, quelación, secretina, y glutathione IV. Nuestros hijos reaccionan bien a todos estos, y han tenido efectos secundarios de la quelación si se nos acaba el TF. Me rehuso a quelarlos si existe algún signo de “moco escurridizo” nasal, o si no tengo TF. Todavía les sigue saliendo mercurio, a pesar de que estamos en la etapa de la quelación en ambos de nuestros hijos.

Jessica es a la que le está yendo mejor. Ella está cantando y realiza movimientos en las canciones. Su lenguaje es principalmente imitativo, pero ella identifica bien las cosas y solicita muchas cosas por su nombre. Ella entiende muchas ordenes básicas, y ama los besos y abrazos. Ella ya no reacciona visiblemente al gluten o a la caseína, pero a pesar de todo estamos siguiendo estrictamente la dieta. Ella tiene gran deseo de entrenarse a hacer sus necesidades en el baño, y trabajaremos en eso el siguiente mes. Ella ama realizar juegos imaginativos con muñecas, cocinarles, y vestirlas.

Michael le está yendo bien también, pero nos seguimos recuperando de un accidente mayor con gluten sucedido tiempo atrás en Noviembre, cuando él comió Play-Doh (masa para moldear o plastilina) en la escuela por varios días consecutivos. Olvidamos ponerla en la lista de “no comer”, a pesar de que no la consideré como un alimento, y la escuela estaba autorizada solamente a darle alimentos de acuerdo a lo que enviábamos de casa. El tuvo actividad epiléptica y no pudo dormir durante tres días,. Tenía 30 palabras en su vocabulario (incluyendo “Te quiero, mamá”) y 80 sonidos de palabras parciales antes de ese día, y todavía continuamos enseñándoselas de nuevo. El no perdió ninguna de sus habilidades sociales después de este episodio, y el sigue queriendo aprender. El ama cuando otros juegan con él. El se adapta a ambientes de aprendizaje. Le gusta Harry Potter, y canta el tema de la película muy bien. También empezaremos a entrenarlo en el baño el mes siguiente.

Mis hijos me han enseñado bastante acerca de nutrición, y acerca de la importancia de comportarse pro-activamente cuando se trate de nuestra propia salud. Con solo saber que sus problemas son del tipo médico ha sido un gran beneficio para mí. Sé que ellos están haciendo lo mejor que ellos saben. Ellos son los niños más bravíos que conozco. Ni siquiera me puedo imaginar el esfuerzo que les requiere iniciar el contacto visual o terminar una tarea. Todos los niños de hoy que están viviendo en un mundo tan tóxico, y batallando internamente en formas que no conocemos todavía, son realmente héroes. Reconozco el gran valor de los niños y padres que se enfrentan con firmeza a tales desafíos.

Tenemos cada una de las esperanzas para nuestros hijos. Algunos días se siente tan difícil como si tuviéramos que recorrer años luz, pero eso no importa. Nuestros niños van a estar bien, no importa cual sea el resultado final. Continuo esperando una completa recuperación para ambos de mis hijos.