Capítulo 10
Por el Amor a Jake
Por Londa Corcoran
Londa Corcoran y su esposo, Jerry, son los padres de Jake, el
cual nació en Noviembre de 1997, y sus hermana menor, Olivia.
Ellos viven en las afueras de Portland, Oregon. Esta historia fue
escrita en Julio del 2002.
Esta es una historia de amor intenso hacia nuestro hijo – no
tan diferente del amor sentido por otros padres que hemos conocido en
su aventura en salvar a sus hijos del autismo. Es una historia de
increíbles retos y de extremo, aún inmenso dolor. Pero
es también una historia de increíble regocijo al
más significante logro obtenido. Es una historia de
desesperación y de deseos de esperanza, de confusión, y
frecuente caos. Pero sobre todas las cosas es una historia de amor
– el mas intenso, dictante amor que nos ha motivado mas
allá de cualquier experiencia previa, amor que no nos permite
dejar de seguir, e investigar, y tratar, y de creer. Es una historia
de amor que rechaza – algo no permitido por Dios – a
rendirse. Esta es la historia de muchos obstáculos resueltos,
con muchas victorias aun por lograrse. Todo por el Amor a Jake.
Jacob William Corcorian nació en Noviembre 30 de 1997, y fue
un bebé perfecto: su calificación fue 10-10-10 en la
escala Apgar – ningún fármaco fue administrada a
mamá por que el nació muy rápido – de
gestación completa, nueve libras (4 Kgs.), y hermoso. Mi
esposo, Jerry, y yo solíamos reírnos de
fotografías de otros infantes porque ellos parecían
extraterrestres justo después de haber nacido. Pero no Jacob.
El era perfecto.
El primer año pareció estar marcado de los
típicos logros y expectativas. Sonrisas, risas, sentarse, y
caminar todos sucedieron de acuerdo al desarrollo normal. Así
como las vacunas. El recibió la carga completa de vacunas entre
las dos semanas de edad y los 15 meses. El lloraba bastante durante
dos o tres días después de cada una, pero no hubieron
infecciones u otros signos de preocupación.
Alrededor de los 15 meses, Jake empezó a decir algunas
palabras, como “uh” mientras alzaba los brazos para ser
levantado, y “mamá” y “papá”. El
movía su mano y decía “adiós”.
Cuestionamos a nuestro pediatra durante la revisión de Jake de
los 15 meses acerca de su lenguaje; ella nos aseguró que el se
estaba desarrollando perfectamente, que los niños hablaban
usualmente mas tarde que las niñas. Empezamos a preocuparnos
cuando su lenguaje no aumentó, y cuando, de hecho, el dejo de
decir las pocas palabras que había estado diciendo. El
parecía no entender las cosas que debería. En el chequeo
de Jake a los dos años de edad su pediatra sugirió que
era tiempo para una evaluación auditiva (la cual era normal), y
otra de lenguaje. La evaluación de lenguaje indicó que
él estaba en el primer por ciento de lenguajes expresivo y
receptivo, significando que el 99% de los niños de su edad
obtuvieron una calificación mayor a la de él. Esto era
el equivalente al nivel de un niño de 10 meses de edad, y el
tenía casi dos años de edad. Era la Noche Buena. Fue una
triste Navidad.
Empezamos nuestra aventura ese día y hemos continuado en
ella hasta hoy. Algunas veces me pregunto si algún día
terminará, pero sé que cada vez se pone mejor –
mucho mejor. Empezamos con terapia de lenguaje, lo cual nos
llevó a los servicios educativos de nuestro condado. Ellos nos
ofrecieron una hora y media de servicio a la semana después de
que sus evaluaciones también indicaron que nuestro hijo
tenía habilidades equivalentes a las de un niño de ocho
a quince meses de edad en la mayoría de las áreas
críticas (el tiene ahora dos años y cuatro meses).
Después de dos meses de estas clases semanales, y de continuar
la terapia de lenguaje, distintas personas nos empezaron a hablar
acerca del “espectro autista”. Y lo más que
investigamos, lo más confusos que nos convertimos. Nuestro hijo
no era claramente el clásico ejemplo de autismo. El amaba ser
halagado y con frecuencia tenía gran contacto visual. El no se
sentaba en la esquina a mecerse repetidamente. A pesar de esto
él estaba en su propio mundo la mayoría del tiempo, no
respondía a su nombre o no parecía entender la
mayoría de lo que decíamos... o de interesarle. El nunca
había señalado algo para indicárnoslo. El
empezó a emberrincharse y se tornó obsesivo acerca de
cargar objetos en cada una de sus manos. El movía sus objetos
seleccionados hacia arriba y abajo enfrente de sus ojos por horas y no
podía salir de la casa sin ellos. El nos comunicaba sus deseos
y necesidades guiando nuestras manos hacia lo que el quería,
mirando nuestras manos y no la cara. Empezamos a buscar por un
diagnóstico para estas perturbables características.
El primer pediatra con especialidad en trastornos de conducta que
intentamos ver no estaba “aceptando nuevos pacientes”,
pero se nos recomendó a un nuevo doctor. En Junio 15, 2000, un
siquiatra infantil el cual pasó una hora con nuestra familia y
resumió en los últimos cinco minutos de nuestra
sesión el hecho de que nuestro hijo era definitivamente
autista. Jerry le preguntó acerca de su pronóstico. Dijo
que había una oportunidad, con mucho trabajo e intervenciones,
que Jake podría hablar solo lo suficiente para pedir alimentos
o por objetos altamente deseados. El quizás podría ser
capaz de tener un trabajo sencillo algún día, pero no
tendría relaciones normales con nosotros o cualquier otra
persona. Luego nos dijo que nuestro tiempo se había terminado.
Caminamos al automóvil aturdidos. Me sentí como si me
hubieran pateado en el estómago. Estábamos confundidos.
Ninguna emoción durante el camino de una hora hacia nuestro
hogar. Solamente confundidos. Jerry y yo no podíamos hablarnos
o vernos mutuamente. Realizamos nuestra rutina de las tardes con Jake
y su hermana de seis meses de edad. Después de que se
durmieron, lloramos. Recuerdo que lloré desconsoladamente. Nos
abrazamos y lloramos mas tiempo. Pasamos despiertos la mayor parte de
la noche y nos sentimos mejor. Encontramos esperanza. Esperanza en
cada uno, en nuestro compromiso hacia nuestro hijo, y en nuestra
creencia de que Dios ahí estaría guiándonos y
ofreciéndonos la fortaleza que temíamos íbamos a
necesitar.
En los días venideros buscamos por respuestas a las muchas
interrogantes que teníamos acerca del futuro de James y de
nuestra familia. Desafortunadamente, por un buen tiempo la
búsqueda por respuestas solamente se convirtió en mas
interrogantes. Aprendimos acerca de condiciones Biológicas,
causas potenciales, y el increíble numero de cosas que
podrían estar “mal” en nuestro hijo. Esto
incluía el desorden de lenguaje, integración sensitiva
disfuncional, dificultades motoras, disfunción del sistema
inmune, intestinos agujereados, deficiente absorción, alergia e
intolerancia a alimentos, intoxicación de metales pesados, y
daño cerebral, por nombrar algunas. También aprendimos
acerca de las teorías del uso en exceso de los
antibióticos, vacunas, y el mercurio utilizado como conservador
en muchas de las vacunas.
Me di cuenta que esto iba a tomar una inmensa cantidad de
investigación y toma de decisiones; pero el tiempo era
esencial, así que pedí ausentarme de nuestro negocio
familiar en el cual trabajaba por las tardes. De todas formas fui a la
oficina y utilicé la computadora y el teléfono por seis
horas al día, siete días a la semana, por tres meses.
Devoré libros, busqué intensamente en el Internet,
llamé a las mejores escuelas de autismo en el país,
hablé con padres de niños recuperados y en
recuperación, y me uní a grupos. Tenía que
encontrar lo que le había pasado a nuestro pequeño
muchacho, que opciones teníamos para su futuro, y que
decisiones fuimos confrontados, basado en toda la información
que había recopilado. Recuerdo este tiempo como algo borroso en
mi mente – extremadamente doloroso, emocionalmente cargada con
energía para continuar, a pesar de que dormía muy poco,
noche tras noche tras noche. Este fue el mismo verano en el que
empezamos una ampliación en nuestro hogar, algo que
habíamos planeado y soñado por 10 años. Ahora,
los diarios intrusos de los trabajadores contratistas y el constante
ruido fueron una caótica pesadilla, en lugar de la
satisfacción que habíamos anticipado por tanto
tiempo.
Vimos a todo profesional que supimos de él en el área
de Portland el cual pudiera vislumbrar algo de luz en la
situación actual de nuestro hijo y de su perspectiva futura.
Creo que Jake tuvo mas de 10 evaluaciones del mismo tipo ese verano.
Cuatro especialistas en pediatría confirmaron el
diagnóstico de autismo. Estabamos aprendiendo acerca de
intervenciones biomédicas, pero ninguno de estos pediatras
pudieron darnos algo de información o recomendaciones acerca de
estos enfoques debido a su falta de interés en investigarlas.
Así que tuvimos que encontrar esas respuestas nosotros
mismos.
Una semana después del primer diagnóstico de Jake ese
fatídico día de Junio, un familiar nos hizo llegar un
artículo de una revista escrito por Karyn Seoussi[Nota del
Editor: Un capítulo de Karyn Seroussi está incluido en este
libro], acerca de la cura de su hijo autista mediante
intervenciones de dietas. La forma en la que describió los
extraños comportamientos de su hijo antes de que removiera la
leche y el gluten de su dieta parecían muy similares a los que
estábamos viendo en Jake. Lo habíamos notado
reírse para sí mismo, algunas veces incontrolablemente,
pareciendo dejar nuestro mundo y actuando como si estuviera alterado
por un fármaco o droga. Era horrible. Corrí a la oficina
de mi esposo para mostrarle el artículo. El estuvo de acuerdo
que sonaba similar a lo que estabamos viendo, que deberíamos
intentar hacer los cambios en la dieta.
Eliminamos el gluten y la caseína de inmediato. De hecho, le
retiramos los alimentos a nuestro hijo de una forma
“tajante”, lo cual, en retrospectiva, no debimos haberlo
hecho. Pero estabamos desesperados y un tanto frenéticos.
Hicimos unas cuantas decisiones drásticas en ese entonces
– era difícil no hacerlo. La primer semana en la dieta
Jake quería ser cargado todo el tiempo; estaba muy sensible
emocionalmente; hubo leves risitas extrañas. Después de
cinco o seis días, le dimos unas galletas de pescado que vimos
en la tienda. De manera tonta pensamos, “En qué puede
hacerle daño? El ha estado pasando por muchas cosas
difíciles!” Se las devoró como un hambriento. Poco
después de llegar a casa, noté a Jake rodar por el piso,
agitar su cabeza sin parar hacia enfrente y detrás, y riendo
tan alocadamente que no podía parar de hacerlo. Estaba
“ido”. Le grité a mi esposo, cual llegó
corriendo y atestiguó lo que yo había hecho, me miro en
desaprobación. Supimos entonces que habíamos iniciado
algo, y que no debía haber nunca jamás ni gluten ni
caseína en la dieta de nuestro hijo. (Nunca hemos retado a la
leche, aun hasta este día).
Nuestra búsqueda en el Internet se intensificó,
particularmente en el área de intervenciones biomédicas.
La quinta Conferencia DAN! estaba planeada para el otoño, y nos
registramos inmediatamente. Ordenamos grabaciones y transcritos del
año anterior. Recibimos el Protocolo DAN! y tratamos de
comprenderlo. Ibamos a seguirlo, no importara lo que llevara hacerlo,
porque nuestra investigación nos llevó a creer que
nuestro hijo era claramente un candidato para recuperarse si
podíamos “arreglar” sus dañados
sistemas.
Estimábamos a nuestro pediatra, sin embargo estaba
deplorablemente informado acerca del autismo y no tenía pista
alguna acerca de las pruebas y los tratamientos que estábamos
solicitando para nuestro hijo. Ella accedió a ordenar algunas
de las pruebas preliminares indicadas en el protocolo – siendo
un tanto reservada, a pesar de todo – y nos advirtió no
ser “engañados” por nuestras emociones
frenéticas. Creo que ella nos compadeció por lo que
estabamos viviendo y sentí que estábamos ilógica
y desesperadamente buscando respuestas. Estuvimos agradecidos que ella
accedió a nuestras peticiones y ordenó los
análisis. Pero supimos que teníamos que encontrar un
nuevo doctor para acompañarnos en el resto del camino.
Necesitábamos a un doctor DAN!.
No había ningún doctor DAN! en Oregon en ese
entonces. Pero escuchamos por otras dos familias que había un
simpático doctor de medicina ecológica, un M.D., quien
ejercía en nuestro suburbio en Pórtland. El no estaba
aceptando nuevos pacientes pero estaba viendo algunos otros
niños con los mismos síntomas biológicos,
así que decidí escribirle una carta. Había
aprendido antes en no aceptar la frase “actualmente no se
aceptan nuevos pacientes” – en esos casos
escribiría cartas; y nos convertíamos en su paciente,
usualmente de manera rápida.
Dentro de unos cuantos días, la recepcionista nos
habló y dijo que el Dr. Green nos quería ver.
Programamos la primer cita disponible, la cual era dentro de un mes.
También le pedimos que nos hablaran en la eventualidad de una
cancelación, dado que vivíamos a menos de una milla de
distancia. Estábamos eufóricos. Y estábamos en el
camino correcto. Esto fue en Agosto del 2000. Jake tenía dos
años nueve meses de edad.
Nunca olvidaré el sentimiento que tuvimos cuando conocimos
por primera vez al Dr. Green. El era un hombre tan cálido y
amoroso. Claramente tuvo compasión por nuestro hijo y por
nuestra familia, y pareció ser bastante conocedor acerca de lo
que estaba pasando. El Dr. Green nos pidió prestados los videos
de la conferencia DAN!, y los escuchó una y otra vez. Poco
tiempo después, el anunció su decisión de cambiar
su ejercicio médico completamente para tratar solamente
aquellos niños los cuales estuvieran inducidos en el autismo
por su entorno y desordenes relacionados. Sus pacientes fueron de unos
cuantos niños autistas a cientos en unos meses. El único
Dr. DAN! en Oregon estaba a una milla de nuestra casa.
Estábamos extasiados.
En este momento, nuestra historia se convierte en una de
increíbles retos, muchos milagros, logros, desilusiones, y
esperanza. Rogamos cada día de ese verano a medida que
aprendíamos acerca de esta nueva vida en la cual
habíamos sido catapultados. Rogamos y creíamos que Dios
nos guiaría a través de este confuso laberinto de
decisiones que tenían que tomarse. Mi esposo dijo algo
memorable la primer noche que recibimos el diagnóstico de Jake,
y muchas veces después desde entonces. El dijo que estaba tan
agradecido de que Dios nos haya dado a Jake. Si él estuviera en
otro hogar, el quizás no estuviera recibiendo el tipo de amor,
cuidado, recursos, u oportunidades que nosotros le podíamos
ofrecer. También creíamos, desde el principio, que se
nos había otorgado la oportunidad de solventar este reto y
convertirnos en una pareja mas unida, una familia mas unida, y
aún un Jake mas fuerte. (Todavía tenemos visiones de
él haciendo lectura de su discurso de graduación de
Hardvard).
En ese entonces aprendimos acerca de los tratamientos del
desarrollo: Análisis Conductual Aplicado (Applied Behavior
Analysis, ABA por sus siglas en inglés), Tiempo de Piso de
Greenspan, servicios educacionales del condado (ESD), y terapias de
lenguaje y ocupacional, por nombrar unas pocas. Pusimos a Jake en la
lista de espera de la terapia conductual, la cual nuestra
investigación nos llevó a creer que era la más
prometedora de todos los tratamientos conductuales. Esto fue una
experiencia extremadamente frustrante para nosotros. Fuimos asignados
a un estupendo terapeuta el cual se mudó a Washington un mes
después. Al principio, no podíamos obtener mas de 2
horas y media de servicios a la semana, y nosotros queríamos
30. Así que nos juntamos con nuestro equipo
“asignado” por los ESD para platicar acerca de que
servicios nuestro hijo tenía derecho a recibir por parte del
estado. No podíamos pagar la terapia ABA de todos modos,
así que estábamos esperando que otro milagro
ocurriera.
Fuimos bendecidos con el más increíble y raro equipo
ESD dirigido por una veterana con 30 años de ex de experiencia,
especializado en autismo. Ella reconoció nuestra intensidad, la
cual era idéntica a la de ella hacia todos “sus”
niños autistas, y ella respetó nuestro deseo de
servicios inmediatos e intensos. Ella estuvo de acuerdo en colaborar
con los profesionales privados los cuales contrataríamos
durante el paso del tiempo. Ella se encariñó con nuestro
pequeño hijo, dijo que llegaría muy lejos – ella
no tenía dudas que Jake ingresaría a un jardín de
niños regular. Estábamos seguros que ella era un regalo
del cielo. El equipo ESD acordó en darle 20 horas de servicio
individual a la semana para empezar, las cuales rápidamente se
incrementaron a 30. En el período de dos meses nuestro hijo
pronunció sus primeras palabras y empezó a decir
oraciones. Esto fue justo en su tercer aniversario. Qué
increíble felicidad fue escuchar sus primeras palabras, Quiero
mi chupón!.
La exposición de Jake a otros niños en la escuela nos
mostró lo delicado que era el sistema inmunológico de
nuestro hijo. El se enfermaba cada dos semanas. Mantuve un diario y
archivé sus síntomas y tratamientos. El estaría
bien durante menos de una semana, antes de adquirir un nuevo virus.
Esto sucedió durante seis meses. Luego se convirtieron en
infecciones bacterianas. Luchamos contra nueve infecciones del
oído, con temibles antibióticos, desde Marzo hasta
Junio. Una de estas infecciones se convirtió en
neumonía. Pero durante su primer año de tratamiento
estábamos consultando al buen doctor una o dos veces por mes,
haciendo todo tipo de análisis de laboratorio, y tratando todo
tipo de suplementos y tratamientos para ayudar al sistema inmune de
Jake y eliminar todos los “bichos” en sus intestinos.
Nunca podremos saber cual tratamiento contribuyó mas,
probablemente una combinación sinérgica de todos estos,
pero su sistema se puso mas fuerte y dejó de enfermarse. Al
menos dejó de tener resfriados. La infección en los
oídos requirió tubos de ventilación, pero desde
que se los pusieron (hace cerca de un año), el no ha vuelto a
tener otra infección.
Las pruebas de laboratorio de Jake indicaron el tipo patrón
que el Dr. Green y otros doctores DAN! habían observado en este
grupo de niños. Sus anticuerpos de gluten y caseína eran
aproximadamente 4,000 cuando el nivel normal está alrededor de
100. Sus distintas pruebas revelaron severa disbiósis
intestinal, incluyendo sobre crecimiento de levaduras; alergias
alimenticias; severas deficiencias de amino ácidos; y la lista
continua. El doctor desarrolló un plan de suplementos basado en
los resultados de laboratorio de Jake. Muchos de los suplementos que
él necesitaba no los podía tolerar. El se
convertiría en hiperactivo, con falta de sueño, y
generalmente exhibiría cada vez más los síntomas
característicos autistas. Esto fue terriblemente frustrante.
Manteniendo el diario fue, y lo sigue siendo, importante. Jake
tenía un estreñimiento serio alrededor del tiempo que
empezamos el tratamiento el primer año, otro típico
síntoma del estado general de sus intestinos. Los tratamientos
para la levadura y las infecciones bacterianas hicieron maravillas en
contra de estas.
En el otoño del 2000 inició el segundo año de
los tratamientos médicos y del desarrollo de Jake. Decidimos
que no podíamos posponer la quelación ni un momento
más. Las pruebas iniciales de intoxicación de metales de
Jake, las cuales incluyeron pelo, sangre, orina, y excremento,
indicaron niveles altos de varios metales pesados. En este punto
analizamos el plan de vacunación de Jake – días y
número de lotes – y determinamos que Jake había
recibido la “desastrosa dosis” de mercurio en sus vacunas.
Esto fue justo antes de que la FDA decidiera que el mercurio no
debería seguir siendo utilizado como conservador. Esta
revelación es una de las razones por las cuales no nos rendimos
de pelear para recuperar a nuestro hijo. El no pidió ser
autista. Esto es el porqué peleamos tan fuerte en traerle de
vuelta su habilidad de hacer una decisión: porque en los
días en que fue vacunado, el no tenía esa
opción.
El primer año, intentamos con la quelación oral en
dos ocasiones pero Jake se ponía muy enfermo – no debido
a la quelación en sí, sino de los virus que su cuerpo no
podía combatir, debido a que el proceso de quelación
parecía comprometer su habilidad de seguir combatiendo aun
más las enfermedades. Decidimos esperar a limpiar
sus intestinos y fortalecer su sistema inmune antes de continuar con
la quelación. Después de un año de seguir los
consejos del Dr. Green, el sistema inmune de Jake estaba mucho
más fuerte y solamente tenía leve disbiósis en
sus intestinos. Estábamos muy ansiosos de intentarlo de nuevo
– habíamos escuchado que las tasas de recuperación
mediante la terapia de quelación eran mucho mas altas en los
niños pequeños. Jake iba a tener cuatro años
dentro de tres meses. El tiempo se estaba desperdiciando.
Durante un período de nueve meses, hicimos ocho rondas de
quelación oral (DMSA) y siete rondas de quelación
intravenosa (DMPS). Lo cosa interesante son las pruebas. Antes de la
quelación, obtuvimos lecturas de niveles bajos de mercurio.
Subsecuentes chequeos durante el proceso de quelación revelaron
mas y más mercurio, hasta que finalmente vimos niveles
“severamente elevados”. Pero ambos procesos de
quelación, oral e intravenosa, ocasionaron problemas
intestinales significativos, incluyendo la levadura y las bacterias.
Así que hemos detenido la quelación para darle una
oportunidad de sanar a los intestinos y estómago de nuestro
niño, pero las vamos a retomar en algún momento dado en
el futuro. Creemos que hay algunos agentes quelantes prometedores en
el horizonte que no serán tan rudos con los niños. Estos
son prometedores por que su objetivo es reconstruir la habilidad del
propio sistema del niño y la habilidad de poder deshacerse por
sí mismo de las toxinas naturalmente.
Estamos actualmente en un proceso no invasivo de eliminación
de alergias, llamado NAET, el cual ha hecho maravillas para algunos
niños. Está basado en los principios de la medicina
China, quiropráctica, y acupuntura. Es un tabú para la
mayoría de las mentes “Occidentales”, pero si un
niño se torna mas sano y con mente mas abierta al conocimiento,
sin ningún riesgo de daño, hemos aprendido a escuchar,
considerar, y frecuentemente probar nuevos tratamientos.
Pregúnteme dentro de unos meses.
La terapia ocupacional realmente ha ayudado a nuestro niño.
Jake no podía correr o brincar. El estaba aterrorizado de
balancearse en una pelota grande o de pasearse en un columpio.
Después de unos cuantos meses de terapia ocupacional, él
está haciendo todas estas cosas; y lo que es más
importante, le están gustando hacerlas. Hemos hecho
“terapia de escuchar”, el uso terapéutico de la
música para estimular el procesamiento cerebral, un enfoque que
puede tratar síntomas y conductas específicas. La
terapia debió haber contribuido a su mejoría general del
equilibrio, planeación motora, y cuestiones de procesamiento
cerebral, resultando en su aprendizaje a brincar, nadar, trepar, y
saltar.
La terapia de lenguaje de James ha empezado desde hace un
año y medio, y de nuevo hemos sido benditos con un
extraordinario patólogo de lenguaje y habla la cual se traslada
a nuestra casa por que ella cree que el niño aprende mejor en
su “zona de confort”. Ella negoció personalmente
con nuestra compañía de seguro, y ganó en
beneficio nuestro. Eso es dedicación.
El crecimiento de Jake también ha sido guiado por un
pediatra del desarrollo el cual ha tomado interés especial en
Jake y en mí, y ha instaurado en nosotros el valor de
mantenernos “conectados” con nuestro hijo al promover su
deseo interno de estar en nuestro mundo. Este doctor nos ha motivado y
entrenado en practicar diariamente conceptos “Tiempo de
Piso”, desarrollados por el Dr. Stanley Greenspan, con el fin de
balancear las intensas terapias de desarrollo por objetivos que
nuestro hijo ha recibido, y aun sigue recibiendo. Sentimos que esto ha
sido clave para los increíbles momentos que hemos experimentado
en la mayoría de las tardes cuando estamos reunido todos con
nuestro hijo en un mundo común de sonrisas compartidas,
típico contacto visual, y persistentes solicitudes para
jugar.
Después de un año, sentimos que era importante para
ABA jugar un papel más intensivo en la rehabilitación de
Jake. Nos sentimos muy cómodos con un enfoque modificado
llamado “Comportamiento Verbal” y hemos visto bastantes
grandes cambios, particularmente en la escuela pre-escolar. Un
maravilloso grupo conductual entró en nuestras vidas el pasado
otoño. El terapeuta líder prácticamente se ha
convertido en parte de nuestra familia y ama a Jake como si el fuera
su propio hijo. Ella cree en él y en su futuro tan
decididamente como nosotros. Juntos hemos escogido un programa
específicamente hecho a la medida para las necesidades
individuales de nuestro hijo y diseñado para ayudarle en
convertirse más comunicativo y social con otros niños.
Ella entiende acerca de los tratamientos biomédicos en los que
estamos, y es extra sensitiva en los días en los que el pueda
estar teniendo dificultades con un nuevo tratamiento.
Nuestro más grande milagro además del regalo de
nuestro hijo es su pequeña hermana, Olivia. Dios nos bendijo
con un segundo hijo cuando yo tenía cerca de 40 años de
edad. Creo que Dios supo que Jake iba a necesitar una alegre, amorosa,
y extremadamente verbal y social personita en su vida. Olivia
encuentra formas de incluir a Jake en sus juegos, sin importar si a
él le gustan o no. Ella ha traído consigo tal
alegría y aminorado los dolores del corazón en nuestras
vidas durante los pasados dos años y nos ha dado visiones de
esos días en los que jugarán juntos como
“típicos” hermanos. Inclusive hemos pensado en la
rivalidad que pueda existir entre ellos.
Jake tiene ahora cuatro años y medio. El tiene preciosos
ojos azules y una sonrisa hermosa. El intenta con tal interés
en cada una de sus terapias para complacer y tener logros, aun cuando
no se sienta bien del todo. En su primer año de preescolar el
pasado otoño el tuvo su primer novia, Sarah. A ella le gusta
tanto Jake debido a su gentileza y dulce espíritu. El se
sentía “tímido”, como ella. Aun cuando
están de vacaciones, ella continúa viniendo a nuestra
casa para jugar con él.
A los dos años y medio Jake era un niño sin habla el
cual no podía seguir ordenes sencillas o responder a su nombre.
El estaba usualmente perdido en un mundo de sonrisas inapropiadas el
cual no compartía. El tiene ahora un vocabulario intenso y ha
empezado a tener conversaciones. El nos dice como se siente, y el
dice, “Los quiero, Mamita y Papito”. Jake ha ido de un
diagnóstico de severa dyspraxia del lenguaje a una moderada
dyspraxia, y el continúa mejorando. El diagnóstico de
autismo recientemente “mejorado” a desorden del desarrollo
profundo (Pervasive Development Disorder, PDD por sus siglas en
inglés) realizado por su pediatra de comportamiento. Jake era
un niño que se sentía enfermo y letárgico todo el
tiempo, y ahora es un pequeño que ama brincar y trepar y
reír y jugar. El continúa teniendo días en los
que esta “ido”, particularmente cuando está
experimentando los efectos secundarios de algún tratamiento los
cuales parecen nunca terminar. Batallamos en mantenernos con los pies
en la tierra, y no desalentarnos por los retrocesos, los cuales pueden
ir y venir sin ninguna razón aparente.
Nuestras esperanzas no son menos que lograr una recuperación
completa, aunque ahí estaremos de cualquier forma en la que
Dios la planee para nosotros. Existen muchos tratamientos prometedores
y terapias que tenemos todavía que probar, y muchas mas que
están siendo desarrolladas todo el tiempo. Nunca hemos visto
resultados “maravillosos” de ninguno de los tratamientos,
pero en general hemos visto grandes mejorías,
incuestionablemente debidas a los efectos combinados de muchas de las
terapias que hemos intentado. Estamos eternamente agradecidos con Dios
por darnos la gracia y perseverancia y la sabiduría para tomar
decisiones durante este, y sobre todas las cosas … por el Amor
a Jake.
Actualización (Febrero del 2003)
Jake tiene ahora cinco años de edad. Absolutamente el ama
ir al jardín de niños donde canta y realiza juegos con
sus amigos. El lee, escribe, y sigue las rutinas mejor que la
mayoría de sus compañeros de clases. Su reto principal
sigue siendo sus habilidades sociales y de comunicación.
Estamos actualmente redireccionando nuestras terapias de desarrollo a
enfocarlas intensamente en estas deficiencias. RDI
(intervención de desarrollo de relaciones), fundadas por el Dr.
Steven Gutstein, es un increíble curriculum de aprendizaje
basado en juegos diseñado para ayudar a nuestro hijo entender y
desarrollar profundas, duraderas, relaciones típicas. Estaremos
asistiendo a nuestro primer taller de trabajo el siguiente mes. Los
esfuerzos que hemos hecho en incorporar los principios RDI en nuestras
interacciones diarias y sesiones de terapia han resultado en sesiones
de mayor juego, interacción, y disfrute del tiempo al estar
juntos.
Los intestinos de Jake siguen teniendo disbiósis
significativa y necesitan aun ser sanados. Hemos estado investigando
intensivamente opciones de modificación de su dieta mas
allá de remover el gluten y caseína para acelerar el
proceso de sanación. Estamos excitados acerca de lo que hemos
escuchado de otras familias las cuales están utilizando enzimas
digestivas. Estas son utilizadas para ayudar a digerir apropiadamente
los alimentos, absorber los nutrientes, y curar los intestinos.
Estamos siguiendo las recomendaciones de un grupo de padres y
profesionales los cuales han visto resultados significativos en sus
niños, incluyendo una reducción de alergias e
intolerancias alimenticias, y en ocasiones resultando en regresar por
completo a un menú normal de alimentación (incluyendo el
gluten y la caseína). Estamos claramente viendo mas beneficios
y cambios positivos desde que empezamos a utilizar las enzimas de lo
que habíamos visto con cualquier otra terapia o tratamiento en
tan poco tiempo. Lenguaje, contacto visual, e interacción
social han mejorado significativamente. Jake está más
feliz de lo que lo habíamos visto anteriormente, con creciente
sentido del humor. El tiene muy buen apetito, y está probando
nuevos alimentos. Tenemos muchas esperanzas acerca del resultado a
largo plazo de este tratamiento.
Nuestra pronóstico para nuestro niño son uno o dos
años de trabajo arduo, tratamientos, y terapias. Para el tiempo
que nuestro hijo entre al primer grado tendremos muchas razones para
creer que él estará feliz, saludable, típico
niño con una vida por venir llena de amor, aprendizaje, dolores
de cabeza, y felicidad en su futuro. Nunca deje los sueños que
tiene para su hijo. El Amor es una increíble fuerza poderosa
que puede lograr milagros.
 © copyright 2005, 2006 Autism Research Institute
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